31.8.09

BATGIRL BY BRUCE TIMM

Ilustración de Batgirl realizada por Bruce Timm perteneciente a Anthony´s Collectibles.
Pincha aquí para su compra.

© 2005-2009 Anthony's Collectibles, Inc., All rights reserved.

DISNEY COMPRA MARVEL

Disney compra Marvel por 4 billones, más información en:

http://money.cnn.com/2009/08/31/news/companies/disney_marvel/index.htm

Batman: Arkham Asylum Joker Trailer

29.8.09

HARLEY QUINN BY CHARLIE DRAW

Ilustración original de Harley Quinn realizada por Charlie Draw.

C&TM DC COMICS

28.8.09

“¿POR QUÉ TAN SERIO?” EL JOKER EN CINE Y TELEVISIÓN

"De entre todos los héroes y villanos que pululan por las calles de Gotham, probablemente el Joker sea el personaje que resulte más fascinante al gran público, coincidiendo en este punto con la mayoría de fans más acérrimos del cómic. La atracción que ejerce este complejo y retorcido villano le convierte en el más solicitado a la hora de llevar las aventuras de Batman a la gran o la pequeña pantalla. De hecho, si obviamos los primitivos seriales de los años ´40, el Príncipe Payaso del Crimen ha acompañado al Caballero Oscuro en prácticamente todas sus encarnaciones en los distintos medios".

Último artículo de la trilogía dedicada al Joker realizada por Jorge González Román.

Pincha aquí para su lectura.


No olvides visitar:

- CADÁVERES FELICES Y PECES SONRIENTES: EL JOKER PRE-CRISIS (1940-1986)

- HABÍA UNA VEZ DOS TIPOS EN UN MANICOMIO... EL JOKER post-Crisis (1986-actualidad)

C&TM DC COMICS

25.8.09

LOS HÉROES (NO) PUEDEN MORIR

A los Superhéroes del cómic puede pasarles cualquier cosa. Pueden enfrentarse a fuerzas cósmicas, pelear con sus réplicas de otro universo o ganar la partida a la muerte. Quizá demasiadas veces, al punto que hoy en día muere un personaje y solo decimos un simple “ya ¿y qué? Ya lo resucitarán”.

Al principio de los cómics de superhéroes americanos nadie suponía el éxito que podían tener. Era una simple producción en que casi importaba más la cantidad que la calidad; si un personaje pitaba se seguía con el y puerta. Esto provocaba que muchos personajes se quedaran en el limbo (como los que aparecen en Los 12, cómic de Marvel del que hablaremos en breve), no tenía mayor problema esta situación ya que tampoco había dado tiempo a crearle un universo propio y porque en aquel entonces las editoriales no trataban a sus héroes de forma conjunta y cada uno un poco por su cuenta y gloria.

Esta situación cambió y los héroes (familiares, secundarios y hasta los coches) comenzaron a pasearse por otras series y relacionarse unos con otros. Si Spider-Man se cruzaba con el Dr. Extraño estoy podía repercutir en la serie de los Cuatro Fantásticos y ocasionalmente incluso en las páginas de la Liga de la Justicia, si pasaba en el cross-over de turno.
Ahora si, si moría alguien entonces realmente era un shock. Los héroes no pueden morir, son los buenos que triunfan sobre el mal. Un villano puede morir y volver todas las veces que haga falta (si no ¿con quién se mete tortas el tipo de la capa que toque?): El Dr. Muerte o Lex Luthor han muerto y vuelto de la muerte como quien da un paseo por el campo. El problema es que esto se popularizó.

Tenemos que pasar por Gwen Stacy. Cuando murió este personaje impactó, era (como se ha dicho más de una vez) “el primer personaje que moría y te importaba”. La joven rubia era inocente, no era una persona con pijama, solo la novia de Peter Parker… y entonces el Duende Verde la mató o quizá fue Spider-Man al intentar rescatarla (nunca llegaremos a saberlo). Gwen Stacy era un inocente que se vio envuelta en un mundo de teóricos héroes y murió por culpa de ello, sin tan siquiera saberlo.
No, este personaje no ha llegado a resucitar. Pero ha tenido unos cuantos clones como para llenar un vagón de tren. No es volver de los muertos pero casi.

Ya que hablamos del Duende Verde tenemos un buen ejemplo. Norman Osborn murió por su propia culpa, en un intento de matar al hombre araña terminó siendo atravesado por su deslizador. Esto hizo que Peter y su amigo Harry se fueran distanciando, y que este segundo cayera en la locura llegando a sustituir a su padre como el temible villano, aunque sin tanto éxito.
Pero Norman Osborn volvió de entre los muertos. Resulta que la fórmula que le daba la súper fuerza del Duende igualmente le daba una regeneración (similar a Lobezno) que hizo se empezara a curar nada más morir. Todo esto no me lo invento, podéis comprobarlo en un unitario llamado Los diarios de Osborn, donde aprovechan para poner un poco de orden y explicar algunas de las incoherencias de los últimos años en la vida de Spider-Man (total… para que terminen haciendo lo que pacte con Mefisto, se podían haber ahorrado todo).

El Duende Verde es uno de los más importantes enemigos de Parker y de muchos héroes en general, como hemos visto en los acontecimientos tras la Civil War. Llegó al punto de raptar a su pobre e inocente tía May, pero no sin antes suplantarla por una actriz y dejar que Peter y su esposa, MJ, pensaran que había muerto.
La situación es que durante la saga en que apareció la Araña Escarlata (el verdadero y después clónico Spider-Man), Tía May llegó al final de sus días causando esto un gran golpe en la vida de Spider-Man. Pero no fue así, alguien debió pensar que no podía seguir el personaje sin su eterna y dulce Tía, así que decidieron resucitarla de una forma (vamos a decirlo) un poco mala. Resultó que, acabamos de ponerlo, El Duende Verde la secuestró y entonces puso a una actriz en su lugar a la que había implantado una matriz genética (sea lo que sea eso) para que se volviera una réplica exacta de May Parker y así atormentar al joven héroe… yo debo ser idiota, pero creo que si hubiera matado a la de verdad sin más miramientos, le hubiera sentado peor.

Esto no se limita solo a Spider-Man o al universo de Marvel Cómics. Tenemos otros ejemplos como Jason Todd, el segundo Robin, en la familia de Bat-Man.
Todo esto vino en parte por la película del justiciero de Gotham, en la que no iba a salir el joven maravilla así que decidieron matarlo; o más bien que fueran los lectores los que dijeran si lo hacían y no, parece mentira que no conozcan a la gente… ganó el que debía morir, aunque no por demasiadas llamadas telefónicas.
Así que Jason Todd murió a manos del Joker. Abrió su cabeza como si de una calabaza se tratara (y según que lecturas y formas de entenderlo sugieren que además lo violó) y Bat-Man no pudo hacer nada para impedirlo, solamente recordarlo por siempre y hacer todo lo imposible para que jamás volviera a suceder.
Aunque durante años estuvo muerto, y fue una terrible espina en el corazón del murciélago, de pronto volvió en la saga Hush y más tarde supimos que todo era debido a SuperBoy Primo, que en su exilio en el limbo golpeó las barreras entre los mundos (yo me pregunto… ¿en el limbo dónde golpeas? Pero eso ya es otro tema) lo que permitió a Todd volver de entre los muertos.

Parecido es el caso de Bucky, el joven compañero del Capitán América. Este personaje murió en el mismo accidente que hizo que el Capi se congelara hasta nuestros días, aunque hace no tanto supimos que no era así exactamente. Bucky no murió y realmente no estaba en ese avión (solo un parte de su cuerpo, el brazo que después vimos no tenía); durante décadas fue un asesino bajo las órdenes del gobierno soviético, sin recordad el joven nada de su pasado, con el nombre de El Soldado de Invierno.
Este personaje volvió un poco de relleno, pero poco a poco ha ido mejorando y haciéndose un héroe con nombre propio (y algo más de hecho).

Super-Man murió. Peleó contra un villano muy malo y muy sacado de la manga que respondía al nombre de Juicio Final, en una de las historias más emotivas del mundo del cómic. Aunque al poco resucitaría; primero como cuatro personas distintas (SuperBoy, El hombre de Acero, Superman Cyborg y el último hijo de Krypton), dando lugar a unas historias interesantes y finalmente al esperado regreso del auténtico hombre del mañana, que todos suponíamos que iba a volver.

Son muchos los personajes que han muerto para volver a la vida, pero muy pocos los que se quedan sin tocar (tenemos la terrible muerte del Capitán Marvel en la que nadie se atreve a meter mano, más o menos) y a la larga esto cansa. Matan a Bat-Man ¿y qué? Ya nos suponemos que no será cierto, ya hay rumores sobre que liderará una liga de muertos con acceso al poder de la Linterna Verde; ya le partieron la columna vertebral y no le duró mucho. El Capitán América murió ¿y? al menos aquí fueron honrados y dijeron que lo volverían a traer desde el principio, pero que no sabían que iban a hacer hasta el momento que eso pasara.

Cierto es que si un héroe tiene éxito no puedes hacerlo desaparecer, pero estamos ya tan acostumbrados a que todo lo que pasa no tiene valía que en ocasiones estas cosas llegan a quitarle hasta gracia al tema de leer cómics de estos tintes.




24.8.09

CLUB BATMAN WEB

Visita la web del Club Batman...

http://www.club-batman.es.tl/

21.8.09

WALTER SIMONSON EN CLUB BATMAN


Ilustraciones originales realizadas por Walter Simonson para el Club Batman.
Nuestro agradecimiento al artista.

C&TM DC COMICS

19.8.09

ELEONORA KORTSARZ - HOMENAJE BATMAN 70 ANIVERSARIO

Ilustración realizada por Eleonora Kortsarz para el homenaje al 70 aniversario de la creación del personaje.

http://eliohcomics.deviantart.com/

BATMAN PACHECO - COLOR DECKER


Ilustración original de Carlos Pacheco con color del artista argentino Esteban Decker.

C&TM DC COMICS

15.8.09

CARLOS PACHECO EN CLUB BATMAN - EXPOSICIÓN FNAC









Ayer tuvo lugar la inauguración de una exposición de originales del artista internacional Carlos Pacheco en Fnac Málaga. Fue presentada por el autor, quien amablemente dedicó un Batman para el club.

14.8.09

TODD NOVAK - BATMAN 70 ANIVERSARIO HOMENAJE

Ilustración original de Todd Merrick Novak para el homenaje al 70 aniversario de la creación del personaje que está realizando el Club Batman a lo largo de este año.

C&TM DC COMICS

13.8.09

CLUB BATMAN EN DEVIANTART


Visita el espacio de Club Batman en Deviant Art, con ilustraciones originales que abarcan el recorrido del club en sus 19 años de andadura.





Visit the Club Batman´s space in Deviant Art, with a compilation of original illustrations around their 19 years of trayectory.

JOKER GIRL - CHARLIE DRAW

Si Joker fuera mujer sería mucho más peligroso. Ilustración original de Charlie Draw.

11.8.09

HABLAMOS DE BATMAN


Las décadas pasan y los personajes tienen que cumplir años.


En 1939 nació el que con el tiempo sería uno de los personajes más importantes del cómic américano, además de un icono cultural propio.

Feliz 70 cumpleaños Batman.

Un niño sale del cine con sus padres, entran en un oscuro callejón y son asaltados por un ladrón que dispara y solo deja con vida al pequeño.

Una escena de sobra conocida y que nos hace pensar en el origen de Batman, por eso fue la escogida para iniciar la primera película que dirigió Tim Burton aunque justo después veríamos que era otra familia y que el murciélago ya protegía a Gotham.

¿Quién eres?

Soy Batman, díselo a tus colegas.

Con esa rápida presentación ya sabemos todo lo que necesitábamos. Que está loco y lo mejor que hace con su tiempo es vestirse de cuero para pegar palizas a la gente. Más o menos así se definía tras pasar por la pluma de Chaykin “Mi hobby es vestirme de maníaco enmascarado y pegar palizas a la gente que no me gusta”.

Bruce Wayne vio como sus padre morían sin poder hacer nada. Sabía que el asesino había escapado de la justicia y que el mundo seguía su marcha… y entonces su mente se quebró. No es nada nuevo, muchas veces se ha dejado ver que Batman no siempre está más cuerdo que los villanos a los que combate. Uno es un payaso y el otro se viste de vampiro ¿quién es aquí el loco?.


Como dijo Dick Grayson a Tim Drake, Bruce no había sido joven o al menos no desde el momento en que sus padres murieron, se impidió disfrutar de nada y empezó a dedicar toda su vida a su sagrada cruzada que en más de una ocasión lo convierte en un fanático obsesionado y más bien por su propia decisión ya que, en sus propias palabras, Bruce Wayne es el disfraz y no Batman.

Durante años estuvo entrenando su mente y su cuerpo, gastando una ingente cantidad de dinero (uno se pregunta ¿si hubiera sido de clase media haría lo mismo?) perteneciente a las arcas de las empresas Wayne, recorrió todo el mundo e intentó aprender lucha de todo tipo y cualquier conocimiento que pudiera ser de utilidad en su futura e interminable lucha. Y así, finalmente, regresó a Gotham donde empezó a pelear contra los criminales siempre buscando encontrar al fantasma que ocupaba sus sueños y que se llevó las vidas de sus padres.

Las primeras incursiones todavía no eran con el conocido traje negro ya que todavía estaba haciendo diseños del mismo (en el Otros Mundos “La hermandad del murciélago sacan muy buen partido a esta idea) y, como se pudo ver en Batman Begins, era el momento de hacer pruebas y mejorar los gadgets que tantas veces salvarían su vida en el futuro. Los rumores acerca de un gigantesco murciélago no se hicieron esperar, y la ciudad empezó primero a temer y más tarde a comprender que tenía un oscuro protector que se ocultaba en las sombras, aunque no sería hasta la llegada de James Gordon que encontraría un aliado en la ley además de un amigo fiel en todo momento.

James Gordon se convirtió en una ayuda imprescindible para Batman (y muchas veces se dio a entender que sabía su verdadera identidad) pero no sería el único. A pesar de hacerse siempre hincapié en la soledad del personaje y su apatía a formar parte de un grupo es curioso que siempre ha estado rodeado de una familia, que además iba creciendo.
El primero a nombrar es Alfred, el mayordomo y amigo que ha ejercido de padre, confesor y todo lo que hiciera falta al rico empresario; más tarde vinieron los Robin desde Dick Grayson a Jason Todd hasta llegar a Tim Drake que sería adoptado por Wayne a la muerte de su padre a manos del Capitán Boomerang. Los imitadores en muchas ocasiones han terminado formando parte del equipo como Jean Paul Valley más conocido por Azrael, Bárbara Gordon (hija del comisario y sobrina del Alfred de Michael Gough) primero como Bat- Girl y después como Oráculo, y un largo suma y sigue en el que hay que hacer referencia a la Liga de la Justicia y más en concreto a Superman con quien mantiene una fuerte amistad a pesar de todas sus diferencias, y Wonder Woman con quien terminó siendo algo más que un simple amigo.

Estaba pensando (justo al escribir ese párrafo) que son muchos los héroes que tienen miedo de Batman y lo que podría hacer. En La Torre de Babel vimos como el eco-terrorista Ra's al Ghul lograba detener a la Liga después de haberse hecho con los archivos secretos del murciélago en los que se detallaba formas de enfrentarse a cada uno de ellos. Se supone que son sus amigos, sus aliado y no tuvo reparos en preparar formas de acabar con ellos. En la serie de Cuenta Atrás nos encontramos con un mundo (de los muchos que se visitan) donde ya no existen los villanos, de repente desaparecieron todos ¿y el motivo? Muy sencillo, tras morir Jason Todd Batman decidió que no tenía sentido seguir combatiendo para que escaparan una y otra vez, así que los mató a todos.

¿Y si un día decidiera qué la mejor forma de no haber enfrentemientos sea terminar con todos los meta humanos? ¿si empezara a matar a todos sus enemigos y aliados? ¿alguien podría detenerlo? Si estáis pensado Superman ya os digo que no creo, cuando se han enfrentado siempre le ha sacudido pero bien y, hay que reconocerlo, el kriptoniano es demasiado tonto como para poder salir airoso de una lucha con Wayne.

Doc Pastor

http://ruta42.blogspot.com/

10.8.09

BATMAN 70 ANIVERSARIO - IÑAKI RODRIGUEZ

Ilustración original de Iñaki Rodriguez en homenaje al 70 aniversario de la creación de Batman.

http://manchurrontinta.blogspot.com/

C&TM DC COMICS

9.8.09

ANTONIO BIFULCO EN CLUB BATMAN

Ilustración original del dibujante Antonio Bifulco para el club.

Nuestro agradecimiento al autor.

C&TM DC COMICS

7.8.09

PRIMEROS INVITADOS AL XV SALÓN DEL MANGA

Taiyou Matsumoto, autor de Tekkon Kinkreet, junto al guionista Issei Eifuku, serán dos de los autores invitados al XV SALÓN DEL MANGA. Ambos autores vendrán a presentar su nueva obra, El samurái que vendió su alma (Takemitsu Zamurai) que Ediciones Glénat publicará coincidiendo con el evento. En esta ocasión Taiyou Matsumoto abandona el estilo de dibujo de su anterior obra, acercando su trazo al utilizado en los clásicos grabados ukiyo-e.

Matsumoto es conocido en nuestro país gracias a Tekkon Kinkreet, un manga que Glénat publicó en un volumen único durante el Salón del Manga del pasado año y que tuvo muy buenas críticas por parte de la prensa especializada.

El XV SALÓN DEL MANGA se celebrará del 29 de octubre al 1 de noviembre en La Farga de L’Hospitalet (Barcelona). Os recuerdo que ya está abierto el plazo de solicitud de acreditaciones. Este periodo finalizará el próximo lunes 19 de octubre, fecha a partir de la cual no se tramitarán más pases. Para solicitar las acreditaciones es necesario facilitar todos los datos del medio, así como la cobertura realizada durante el año anterior. En caso de ser el primer año al que se acude al Salón, es necesario enviar algún trabajo publicado recientemente relacionado con el manga, el anime, el cómic o la cultura.

6.8.09

AQUAMAN BY ESTEBAN DECKER

Ilustración original de Aquaman realizada por el dibujante Esteban Decker.

http://studioquimera.blogspot.com/

C&TM DC COMICS

5.8.09

RELATO - EL SEÑOR DE LA NOCHE POR ALEXIS BRITO


El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí porqué se nos escapa el presente.

Gustave Flaubert


1

PESADILLAS

Atormentado, Bruce Wayne se revolvió sobre las sábanas de seda, vencido por las terribles pesadillas que consumían sus noches…

...mientras se desplomaba en el vacío, la sorpresa le cerró las cuerdas vocales y ahogó su chillido de pánico. Durante unos segundos, Bruce tuvo la impresión de que la caída sería eterna, hasta que chocó contra el suelo con brusquedad. Conmocionado, levantó la cabeza. Un gemido de dolor escapó de sus labios, le ardía la pierna derecha; puede que estuviera rota. Entonces, fue consciente de la negrura que lo envolvía como un manto horripilante. Su corazón comenzó a latir descompasadamente, una sensación de desamparo le arañó la corteza craneal y quebró sus nervios a flor de piel. Bruce tembló de miedo y de frío. La cueva parecía interminable, llena de fantasmas intangibles, de malos presagios imposibles de definir. Tosió, asfixiado por el hedor penetrante: una mezcla de siglos de humedad, vegetación muerta y putrefacción. Un sonido impreciso llegó a sus oídos. Su alma se encogió, no estaba solo, algo lo acechaba en las tinieblas. Las sombras se rompieron. Una docena de murciélagos levantó el vuelo, el aleteo de los animales lo obligó a gritar de terror, mientras chocaban contra su cuerpo. Involuntariamente, Bruce se llevó las manos al rostro, intentando protegerse de las bestias que su caída había alarmado. Segundos más tarde, estaba solo, los animales desaparecieron. Con lentitud, unos ojos enrojecidos se aproximaron, llenando sus sentidos. Hipnotizado, fue incapaz de retroceder, la bestia era un ser puro, hermoso y letal, que cruzaba la oscuridad consciente de su propia grandeza. Algo se desgarró en su interior y llevó sus emociones a un punto límite: el murciélago lo había poseído para siempre...

Sobresaltado, Bruce abrió los párpados, ahogando a duras penas un bramido de pánico. Durante un minuto angustioso, fue incapaz de reconocer su propia estancia; la pesadilla había sido demasiado real. Lentamente, recuperó la cordura, intentado serenar los violentos latidos de su corazón. Lágrimas candentes le descendieron por las mejillas hasta llegarle a los labios: sabía que el llanto no podría proporcionarle la paz de espíritu que necesitaba.

—Ya no puedo más… —susurró mientras limpiaba el llanto con el envés de la mano—. Estoy harto de sufrir por lo que no tiene remedio…

A su memoria regresaron las imágenes tenebrosas del sueño: nunca podría olvidar el día de descubrió la cueva. Con un estremecimiento, intentó borrar los lienzos del pasado, pero como de costumbre, fracasó estrepitosamente. Furioso consigo mismo, apartó las sábanas empapadas y emergió desnudo de la cama. Su cuerpo poderoso y bien proporcionado, estaba cubierto de sudor de la cabeza a los pies. A trompicones, recorrió la estancia y se aproximó a los ventanales: tuvo la impresión de que el mundo exterior estaba colmado de tinieblas y conflictos como contra los que luchaba a diario. Bruce tragó saliva y apretó los puños hasta que le dolieron los dedos: odiaba reconocer que nunca tuvo la oportunidad de escapar del destino que lo había convertido en lo que era.

Sin desearlo, recordó aquella mañana sucedida tanto tiempo atrás, vencido por una amargura imposible de soportar. Sus padres estaban llenos de vida, tan cariñosos y atentos como de costumbre, mientras corría detrás de un conejo en los exteriores de la Mansión Wayne. De buen humor, Thomas Wayne le dijo que tuviera cuidado, pero Bruce ignoró sus consejos y continuó detrás del animal, sintiendo como el corazón se le salía del pecho por la rápida carrera. Inesperadamente, cuando menos lo esperaba, el suelo se hundió debajo de sus pies, conduciéndolo al interior de los pasadizos subterráneos que desconocía hasta aquel momento. Ahora, después de tantos años, los murciélagos seguían revoloteando en sus noches, impidiéndole conciliar un sueño libre de pesadillas.

Debajo de la ducha, Bruce hundió la frente sobre las paredes blancas, luchando por controlar la rabia inhumana que le retorcía las entrañas. Ausente, observó los moratones y cortes que desfiguraban su anatomía; secuelas de los terribles combates nocturnos que libraba contra la delincuencia de Gotham desde hacía semanas. Encajando los dientes, pasó por alto el dolor de las heridas y frotó los músculos magullados con fuerza. Una frialdad tétrica invadió su interior, proporcionándole la lucidez que necesitaba en aquellos momentos. Tenía una misión que cumplir y no pensaba abandonarla: el murciélago había dado sentido a una vida que despreciaba desde que tenía uso de razón. Aunque la policía estuviera detrás de su pista, poco le importaba saltarse las normas para conseguir sus objetivos; le quedaban años de trabajo por delante para lograr que las calles de la ciudad fueran seguras. Gracias a sus investigaciones, Bruce había descubierto que el departamento policial estaba completamente podrido: obrar por los cauces normales hubiera resultado una pérdida de tiempo. El teniente James Gordon, el mismo hombre que el Alcalde había contratado para capturarlo, era uno de los pocos que no había sucumbido ante la corrupción. Meditabundo, salió de la ducha y se secó con una toalla: si lograba poner a Gordon de su lado todo le sería mucho más fácil. Bruce se puso un albornoz e inspiró una bocanada de aire. No necesitaba comprobar la hora para saber que era el instante de entrar en acción. El manto de la madrugada escondería los traumas que jamás había sido capaz de superar. Antes de abandonar el baño, su mirada tropezó con el espejo incrustado en la pared. La visión de su rostro, sombrío y circunspecto, lo obligó a destrozarlo de un puñetazo. El dolor de los nudillos lo hizo regresar al presente: la noche lo había vuelto a convocar para que combatiera por la justicia. Un reguero carmesí se le deslizó entre los dedos y manchó las baldosas impolutas. Probablemente, aquella sería la primera herida de la larga caza nocturna que le esperaba en breve…


2

LA CUEVA

La cueva era un erial helado e interminable, negro como una mancha de alquitrán, que apestaba a humedad y a heces de murciélago. La gelidez espeluznante que emanaba del lugar lo estremeció: le costaba aceptar aquella temperatura. Los inmensos túneles situados debajo de la Mansión Wayne, que horadaban durante kilómetros las profundidades de la tierra, eran tan vastos que nunca podría examinarlos del todo. A sus oídos llegó el correr del agua por las grietas y depresiones del terreno traicionero; si daba un paso en falso no volvería a ver la luz del sol.

Con movimientos tensos, Bruce descendió unas escaleras talladas en roca viva, disfrutando del aroma acre de los animales que llenaba su entorno. El sonido de las alas membranosas tranquilizó los remordimientos que lo habían obligado a despertar. Poco a poco, recuperó la confianza en sí mismo, experimentando una sensación de poder recorrerle el alma. Aquel era el lugar al que pertenecía. Las cenas benéficas y las subastas eran una mascarada para despistar la atención de los medios sobre su persona. Actuar como un playboy, ridículo y superficial, salvaguardaba la doble vida que había adoptado por una necesidad que escapaba de su entendimiento. Al llegar abajo, contempló las aterradoras dimensiones de la caverna que se desvanecían en la negrura, sintiendo como un escalofrío le erizaba el vello de la nuca. Una corriente de aire frío le arañó el rostro crispado por una expresión torturada: era un milagro que no hubiera perdido la cordura al aterrizar allí cuando tenía seis años. El silencio sepulcral, roto por el aleteo de las bestias, era tan insondable como las contriciones que anidaban en su espíritu.


Bruce tuvo la sensación de que las tinieblas se apoderaban de su personalidad, convirtiéndolo en una criatura temible, digna de las peores pesadillas que el ser humano podía imaginar. A pesar del aspecto desenfadado y jovial que mostraba delante de las cámaras, en su interior, en un lugar recóndito de su espíritu, existía una depresión más oscura que la noche. Nada había logrado curarla, todos los intentos y alternativas fueron vanos, excepto vestir el manto del murciélago. Salir todas las madrugadas, jugándose el cuello contra la escoria de la ciudad, era la única manera que conocía de tranquilizar las obsesiones que lo atormentaban. Bruce rememoró al enorme animal que destrozó la ventana de su estudio un mes atrás. Aquel murciélago le mostró el camino que debía tomar para aterrorizar a sus enemigos. Tanto, que incluso lo desvelaba en sus peores sueños, haciéndolo plantearse el porqué de la miseria que soportaba a diario.


Por mucho que quisiera, no pasaba un día en el que no se sintiese culpable por el asesinato de sus padres; a veces pensaba que aquella losa de plomo sobre su conciencia lo enloquecería tarde o temprano. Joe Chill había aniquilado su vida la noche en que apretó el gatillo, no hubo marcha atrás desde el momento que tiroteó a su familia en aquel inmundo callejón atestado de basuras. Bruce había perdido la inocencia de la manera más traumática que nadie podía concebir. Su alma quedó mutilada para siempre, jamás volvió a ser el mismo; por ello buscaba consuelo en el interior de la caverna cuando los demonios del pasado lo asediaban.


Lentamente, cruzó la cueva en diagonal, en dirección al cubículo donde guardaba el traje. Sus pasos levantaron ecos en las tinieblas que se extendían hasta el infinito. En cierta manera, se encontraba satisfecho entre los muros invisibles de su conciencia; un pobre paliativo para sanar las heridas que atesoraba desde que tenía memoria. Los murciélagos, al percatarse de su presencia, levantaron el vuelo, dándole una especie de nebulosa bienvenida. Bruce inclinó la cabeza con mudo respeto: la compañía de las bestias le resultaba más aceptable que la de sus semejantes. Encajando las mandíbulas, apartó cualquier distracción que pudiera apartarlo de su objetivo: Bruce Wayne era una sombra fugaz que apenas tenía forma propia. Ya no era el Howard Hudges que interpretaba a diario, poco quedaba del individuo que tanto repudiaba. Volvía a encontrarse con su auténtica naturaleza, oscura y letal. Henchido de orgullo, se detuvo delante del uniforme acorazado, contemplando las líneas opacas y atemorizantes delineadas en kevlar. Su mirada recorrió la capucha, la larga capa, el peto y el espaldar, las perneras y las botas; funcionalidad y protección a partes iguales. Gracias al traje, negro y perturbador, lograba camuflarse en la oscuridad y amedrentar a sus enemigos. Dependía de su inteligencia, dotes de detective, entrenamiento físico y pericia en las artes marciales, para derrotar a los criminales de Gotham. Dado que despreciaba las armas, aquella era la única opción que tenía para luchar bajo sus propios términos; sin principios todo estaría condenado al caos absoluto. Bruce se había prometido fervientemente no matar a nadie: si obrara de la misma forma que la escoria que pretendía destruir se pondría a su mismo nivel; la compasión era lo único que lo diferenciaba de ellos. Diez minutos más tarde, equipado y listo para entrar en acción, se aproximó al imponente vehículo que lo esperaba en la entrada de la cueva. A veces, la añoranza que experimentaba por los seres queridos era tan dolorosa que llegaba a odiarlos. Sus padres, al traerlo al mundo, lo condenaron a una existencia insoportable. Nunca podría perdonarles que lo hubiesen abandonado cuando más los necesitaba. Poco restaba de los dilemas que convertían el presente en un abismo: ahora era el Caballero Oscuro.


3

ATRACO

Un horrísono estampido rompió la quietud de la noche y reventó la entrada del banco, haciendo que la calle se llenara de escombros y humo. Rápidamente, varias figuras enmascaradas abandonaban unos vehículos y accedían al interior del recinto, provistas de pistolas y metralletas de gran calibre. Los ladrones sortearon los cascotes y atravesaron el amplio vestíbulo a oscuras, dirigiéndose a la cámara acorazada. La luz mortecina de las linternas iluminó las paredes y suelos blancos, creando sombras chinescas. El líder de la banda, un hombretón ataviado con un mono color gris, ordenó a sus secuaces:

—¡Tenemos quince minutos hasta que llegue la bofia! —exclamó—. ¡Daros prisa, idiotas!

Tres individuos se detuvieron delante de la puerta metálica y soltaron las bolsas en el suelo. Uno de ellos sacó un aparato del interior del bolsillo y lo colocó encima del lector de huellas digitales. En la entrada, cuatro ladrones vigilaban la avenida, ensordecidos por la alarma que habían activado, listos para disparar en cualquier momento. La puerta de acero de 16 toneladas se abrió hacia fuera. Un grito de júbilo escapó de uno de los enmascarados:

—¡No me lo puedo creer! ¡Lo hemos conseguido!

Sin más preámbulos, los ladrones recuperaron las mochilas y accedieron a la cámara, dándose de bruces con una mesa atiborrada de fajos de billetes de mil dólares. Cegados por la avaricia, contemplaron el dinero con los ojos abiertos como platos, incapaces de creer en su suerte. El individuo que había abierto la puerta gruñó:

—¿A qué demonios esperáis? ¡No tenemos toda la noche! ¡Moveros de una vez!

El trío se abalanzó sobre la fortuna y empezó a depositarla dentro de las bolsas. El sonido de las respiraciones ansiosas se mezcló con el de los miembros en movimiento. El jefe del grupo comprobó el reloj de pulsera y apretó la culata de la Magnum 45 que llevaba en la diestra.

—¡Nos quedan cinco minutos! —exhortó a los hombres que desvalijaban la cámara—. ¡Tenemos que largarnos ya!

Una corriente de aire helado recorrió el banco. Sin poder evitarlo, los ladrones sufrieron un estremecimiento de miedo; algo no marchaba bien y lo sabían. Dentro de la cámara acorazada, los enmascarados se inmovilizaron durante unos instantes, sintiendo como se les secaba la boca. Una sombra tenebrosa y alargada cubrió la puerta, apagando el resplandor de las linternas. El pánico irracional les congeló la sangre en las venas: todos habían oído los rumores que recorrían los bajos fondos de la ciudad; historias sobre una criatura demoniaca y fantasmagórica que atacaba a los delincuentes en las tinieblas de la noche. Asustado, uno de ellos levantó la ametralladora, dispuesto a vaciar el cargador. Un clamor escapó de sus labios, algo le había golpeado la mano, produciéndole un dolor inesperado y punzante. Los otros, al escuchar el bramido de su compañero, apretaron los gatillos de las armas, desencadenado una tormenta de plomo hacia el exterior de la cámara. Los casquillos vacíos chocaban contra el suelo de hormigón armado y una nube de pólvora se elevó en el aire. El silencio se transformó en un manto angustioso, intolerable.

—¿Por qué gritaste? —farfulló el más alto de ellos—. ¿Qué coño está pasando aquí?

Gruñendo, el herido arrancó el objeto metálico que le traspasaba la zurda de parte a parte, estremecido por grandes sufrimientos.

—¡No lo sé! —profirió—. ¡Me duele la mano, joder!

La sombra horripilante irrumpió entre los ladrones y los golpeó con violencia. El hombre que había abierto la cámara retrocedió a trompicones, buscando refugio, con el corazón en la garganta. Aterrorizado, intentó sustituir el tambor de la HK 21, pero las manos le temblaban demasiado para realizar movimiento alguno. A oscuras, escuchó el sonido de los huesos rotos y los juramentos de sus compañeros; era el único que continuaba en pie. Un gemido surgió del fondo de su garganta:

—¡Dios mío! —lloriqueó—. ¡No quiero morir!

Una voz ronca y hosca rasgó sus nervios a flor de piel:

—Demasiado tarde, basura.

El ladrón alcanzó a emitir un alarido estremecedor antes de que la negrura se abalanzara sobre él.

Afuera, en la entrada del banco, al escuchar las detonaciones y los gritos que provenían de la cámara, los enmascarados sintieron como las piernas les flaqueaban. El líder de la banda dio la media vuelta y aulló a los demás:

—¡A la furgoneta! ¡Fuera de aquí!

De inmediato, el resto de los ladrones imitó sus movimientos, lanzándose en una carrera desesperada hacia la calle. Uno de ellos perdió el equilibrio y se desplomó de bruces; algo se había enrollado alrededor de sus tobillos y lo arrastraba hacia la negrura.

—¡Ayudadme! —berreó mientras arañaba el suelo frenéticamente—. ¡Socorro!

El jefe del grupo se volvió con la pistola alzada: sólo alcanzó a contemplar como su compañero se desvanecía en las tinieblas sin dejar rastro. Un sudor frío y pegajoso se deslizó por su espalda y le puso la carne de gallina. Un chasquido seco y brutal silenció los chillidos del ladrón que había desaparecido en el interior del recinto. La mano le temblaba tanto que estuvo a punto de soltar la Magnum 45. La irradiación de la linterna le mostró durante un segundo la imagen de una silueta informe agazapada en los pisos superiores. El hombretón ignoró el destino de su compañero y salió despedido hacia el exterior, sin molestarse en mirar atrás. Velozmente, cruzó la acera y subió al vehículo que lo esperaba con el motor encendido. El conductor apretó el acelerador a fondo, introduciéndose por una callejuela adyacente, chirriando las ruedas. Minutos más tarde, cuando los ánimos del trío comenzaron a tranquilizarse, todos rieron aliviados. El líder de la banda inquirió:

—¿Qué coño fue eso?

Una sirena de la policía se escuchó a varias manzanas de distancia.

—¡No quiero saberlo! —masculló otro—. ¡Hemos escapado por un pelo!

El conductor se quitó la máscara y soltó un suspiro de alivio:

—No había pasado tanto miedo en mi vida —repuso—. Juro por Dios que no volveré a atracar un ban…

Un golpe estremecedor hundió el techo de la furgoneta, haciendo que los ladrones aullaran al unísono, sobresaltados por aquella inesperada sorpresa. El parabrisas quedó a oscuras y les impidió ver la calle. El hombretón disparó al techo del vehículo.

—¡Matadlo! —rugió a la vez que vaciaba el cargador—. ¡Lo tenemos encima de nosotros!

Asustado, el conductor efectuó un volantazo, perdiendo el control de la furgoneta. Ésta derrapó sobre el alquitrán y chocó contra la fachada de un edificio. El impacto reventó el capot del vehículo y resquebrajó el cristal, lanzando a los ladrones sobre el salpicadero. Doloridos y cubiertos de sangre, éstos apretaron las armas y miraron nerviosamente alrededor. La ventanilla del pasajero saltó en pedazos y el jefe del grupo fue arrastrado al exterior…


4

EL SEÑOR DE LA NOCHE

El Caballero Negro soltó el cuerpo del ladrón que acababa de noquear y observó la entrada del banco: el resto de los enmascarados ponía pies en polvorosa. Una ira sorda invadió su interior: no permitiría que aquellos bastardos se salieran con la suya. Como una sombra, recorrió el pasillo con toda la velocidad que podían proporcionarle sus piernas. Al llegar al final del mismo, sin dudarlo un solo instante, se abalanzó contra el ventanal que lo separaba de la calle. Con un sonoro chasquido, éste reventó bajo el impacto de su físico, creando un millar de fragmentos iridiscentes. Batman levantó la diestra y disparó la pistola: el arpón, unido a una larga cuerda, salió despedido hacia el edificio de enfrente, hundiéndose en la pared de cemento. El Señor de la Noche se elevó hacia las alturas de Gotham: la rapidez de la ascensión le puso el estómago en la garganta. Al llegar arriba, el traje negro se recortó entre las gárgolas de diseño medieval que decoraban la fachada del rascacielos: una sombra aterradora entre imágenes demoniacas. Abajo, a medio kilómetro de distancia, la furgoneta que los ladrones habían utilizado para huir avanzaba hacia el norte. Decidido, Batman cruzó el saliente de un extremo a otro, sin perder de vista a sus adversarios. De un poderoso brinco, salvó el espacio que lo separaba entre dos bloques de oficinas, aterrizando en una azotea vacía. Enervado por la furia, traspasó el tejado, esquivando los condensadores eléctricos que atestaban lo altos del edificio. Al llegar al borde del rascacielos, comprobó el trayecto que lo separaba del vehículo; con un poco de suerte, si sus cálculos resultaban exactos, podría alcanzarlo antes de que estuvieran fuera de su alcance. El Caballero Oscuro se lanzó en picado hacia el vacío. La capa chasqueó y se tornó rígida, permitiéndole planear sobre la avenida mal iluminada. En el aire, suspendido a gran altura, se deslizó como una cuchillada entre las sombras. Poco a poco, con una coordinación sobrehumana, fruto de largos años de adiestramiento, fue ganando terreno a sus enemigos. El viento gélido y cortante de la madrugada le causó un escalofrío de placer: nada le gustaba más que cazar a sus oponentes. Cuando estuvo encima de la furgoneta, Batman encogió los brazos y frenó su descenso: el brusco aterrizaje aplastó el techo del vehículo. De inmediato, se agarró donde pudo y giró su cuerpo en un ángulo de ciento ochenta grados: la capa se deslizó sobre el parabrisas y ocultó la visión de la calle al individuo que estaba al volante. La furgoneta pegó un bandazo y estuvo cerca de subir a la acera. Tal como esperaba, los ladrones abrieron fuego: la salva de plomo le acarició el costado derecho. El Señor de la Noche rechinó los dientes de dolor: uno de los proyectiles le había rozado la cadera. El vehículo perdió el control y salió disparado contra un edificio. Antes de que chocara, en el último segundo, Batman abandonó su posición y rodó sobre el alquitrán para absorber la caída. La furgoneta se estampó contra la pared con un sonido de metal triturado y vidrios rotos. Colérico, se puso en pie y se aproximó al vehículo; una nube de humo salía del capot hundido. A través de la ventanilla rota, divisó las siluetas de los enmascarados, magulladas y ensangrentadas, intentando sobreponerse de las heridas que la colisión había causado. De un puñetazo, fragmentó el cristal y sacó al líder de la banda a la calle.

—¡No! —aulló el hombretón—. ¡Piedad!

El Caballero Negro le rompió el brazo por tres sitios distintos: aquel individuo quedaría lisiado de por vida. Después, ignorando sus gritos de dolor, le estalló la cabeza contra el lateral de la furgoneta, dejándolo sin conocimiento. Los ladrones restantes salieron por piernas del vehículo, aterrorizados, al contemplar la figura sombría que había derrotado a su jefe. Batman arrojó un batarang al conductor. El arma destelló en el aire y le perforó la cara posterior de la rodilla. El ladrón lanzó un berrido de sufrimiento y se derrumbó como un saco, desgarrándose las palmas de las manos contra el suelo. La sombra del Señor de la Noche cubrió al herido. De tres brutales sacudidas, lo dejó hecho papilla, convertido en un despojo sin dientes. Dentro de varios meses, cuando saliera de rehabilitación, tendría que utilizar dentadura postiza para poder alimentarse. El último enmascarado corrió hacia una calle situada a su izquierda, luchando por poner distancia entre su persona y la criatura que había aniquilado a sus compañeros. Batman siguió sus huellas, ganando terreno por segundos, sin hacer caso de las miradas curiosas y asustadas de los vecinos. Jadeando, el ladrón miró hacia atrás, buscando con la punta de la ametralladora a su oponente. La entrada del callejón, lleno de periódicos sucios y bolsas de basuras destripadas, estaba vacía. Empapado de sudor, se detuvo para tomar aire. El corazón le golpeaba las costillas y la bilis pastosa se le agolpaba en la garganta. En toda una existencia de crímenes y fechorías jamás había experimentado un horror semejante: estaba a punto de venirse abajo.

—¿Dónde estás? —exclamó—. ¡Da la cara, hijo de puta!

Una voz ronca surgió de la oscuridad:

—Tus colegas han caído —gruñó—. Si sueltas el arma no te partiré las piernas.

El enmascarado lanzó una descarga hacia la derecha. Los proyectiles picotearon la pared: allí no había nadie. Una risotada maliciosa, carente de todo humor, sonó detrás de su espalda:

—¿Crees que te lo voy a poner tan fácil, escoria?

El ladrón volvió a abrir fuego. Nuevamente, sus balas fueron inútiles; parecía que se enfrentaba a un fantasma. Aquel ser estaba en todas partes y en ninguna.

—¿Dónde aprendiste a disparar? —se burló su invisible interlocutor—. ¿En una feria de tiro?

El enmascarado perdió los nervios.

—¡Vamos! —gritó mientras agotaba el tambor— ¡Te estoy esperando!

El Caballero Oscuro, al comprobar que su adversario estaba sin munición, saltó desde unas escaleras de emergencia situadas encima del mismo. El ladrón, al notar una sombra sobre su cabeza, apretó el gatillo del arma vacía. Batman le golpeó el esternón con ambos pies: la violencia de la patada lo hizo volar por los aires y derribar unos bidones de basura. Tosiendo sangre, el enmascarado se llevó las manos al pecho; el impacto le había hundido varias costillas en los pulmones. Sin misericordia, el Señor de la Noche lo remató de un talonazo: aquella escoria había recibido su merecido, ni más ni menos.


Entonces, cuando la cacería hubo terminado, se dio cuenta donde estaba. Una punzada de dolor le atravesó el corazón. Las piernas le flaquearon y la angustia le apretó las entrañas. Con la mirada borrosa, derrotado por una horrible depresión, vislumbró una placa oxidada en la pared: Crime Alley. Batman sintió ganas de vomitar. Sin desearlo, impulsado por la sed de justicia, había llegado al callejón donde fueron asesinados sus padres. Los recuerdos invadieron su memoria: aún podía verlos postrados antes sus pies, inertes, hechos pedazos por los proyectiles. Lágrimas ardientes le descendieron por la máscara: volvía a ser el niño desamparado y traumatizado de antaño. A escasos metros, en un rincón cubierto de graffitis, su vida había muerto para siempre. El sufrimiento lo derrumbó de rodillas y le hizo llevarse las manos al cráneo: tenía la impresión de que le habían arrancado el alma del cuerpo. Jamás sería libre de aquella carga, ésta lo atormentaría para siempre, era el precio que tenía que pagar por haber sobrevivido. Finalmente, cuando las náuseas rompieron su autocontrol, el Caballero Oscuro estalló en sollozos desgarradores…


FIN


Alexis Brito Delgado


4.8.09

3.8.09

AARON NATHANIEL FELIZMENIO - BATMAN

Ilustración original de Aaron Nathaniel Felizmenio para el 70 aniversario del personaje dedicada al Club Batman.

C&TM DC COMICS

1.8.09

Batman: Espadas (la rosa, la capa y el murciélago)

Vamos a reconocerlo (y quien diga lo contrario es un mentiroso) el Zorro es un personaje genial; seductor, elegante, defensor de los débiles, siempre vestido de negro… seguro que somos muchos los que nos contamos entre sus fans y los que adoramos la primera adaptación al cine de la mano de Douglas Fairbanks; entre todos habría que destacar a uno en concreto y este no es otro que Bruce Wayne, el Misterioso justiciero de Gotham City llamado Batman.

Cualquier lector seguidor del personaje sabe bien como esta película es la que inspiró al cruzado de la capa a convertirse en lo que es hoy tras el asesinato de sus padres… pero ¿y si el Zorro decidiera que Gotham necesita un nuevo protector? ¿Cómo reaccionaría Batman cuándo el ídolo de su trágica infancia comienza a compartir las noches de vigilancia?

En Batman: Espadas nos encontramos que en la ciudad Gótica que Batman protege comienzan una serie de robos que no logra detener y es en ese momento cuando hace su aparición el Zorro… o mejor dicho El Caballero, como se hace llamar este luchador con máscara, espada y elegancia, prometiendo que donde el hombre murciélago ha fallado, el triunfará y logrará resolver los misteriosos crímenes que asolan la urbe.

Poco a poco este nuevo justiciero comienza a ganar popularidad entre la gente de Gotham, al contrario que Batman a quien los ciudadanos siempre han temido más que confiar, y es solo cuestión de tiempo que los dos héroes terminen cruzando sus caminos con sospechas y desconfianza por parte de ambos.

Si debo destacar alguna parte del cómic me temo que no podría y tendría que hacerlo con dos.
La primera es el encuentro de Batman y el Caballero en una azotea de Gotham donde vemos claramente lo molesto que el cruzado de la capa se encuentra y lo desafiante del nuevo vigilante.
La segunda sería la historia de amor que sucede entre el nuevo justiciero y una joven que ha intentado suicidarse y a quien ha salvado.

Si os suena esta historia es normal, ya que hace años fue editada por la tristemente desaparecida editorial Zinco, en tres volúmenes y que todavía hoy con algo de suerte podemos encontrar en alguna tienda o buscando en mercadillos.
También, aquellos que, como yo, seáis seguidores de las aventuras animadas de Batman ya sea en serie o en cómic, encontramos una trama parecida en uno de los tebeos de la serie animada en que el Caballero cruzaba su camino con el cruzado de la capa.

La historia corre a cargo de dos autores que no precisan presentación alguna.
Tim Sale, es responsable de algunas de las mejores historias del Batman teniendo que nombrar forzosamente sus especiales de Halloween que más tarde serían recopilados en la obra “El largo Halloween”, siendo de tal importancia sus aportaciones que encontramos numerosas referencias e inspiraciones a ellas en la última película de este personaje, como en la última escena cuando James Gordon le enseña un comodín de una baraja que está directamente sacada del cómic.
James Robinson ha sido guionista de personajes como Superman o la JLA y que abandonó el mundo de los cómics para irse a Hollywood, aunque esporádicamente ha realizado alguna incursión como la serie StarMan o Batman: Face to face.

Sin duda lo mejor es el siempre genial dibujo de Tim Sale que logra meterte de lleno en la historia y acerte sentir cercana la reacción de Batman ante el Zorro y la recuparación de un personaje como el Caballero que, al igual que otros tantos antagonistas del murciélago, necesitaba que alguien le diera el juego que se merece.; Por contra, aunque sea una aventura entretenida y muy recomendable, tiene un final que se hará evidente a cualquier lector con un poco de fondo.