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23.2.15

José Luis García-López: la leyenda del cómic. 25 años de Club Batman

Aunque pontevedrés de nacimiento, la vida de José Luis García-López se desarrolla primero en Buenos Aires, donde llega con tan solo cinco años, y más tarde en los Estados Unidos, donde fijó su residencia en Nueva York desde 1974.


Primeros años de formación.
Sus primeras influencias fueron las de Joe Maneely (Black Knight), el gran Russ Heath (Little Annie Fanny), el bonaerense Enrique Vieytes (Duval y Gordon), o el cordobés Luis Domínguez (Jonah Hex). Con once años comienza a estudiar un curso de dibujo por correspondencia que su hermana le compró en Continental School. Tras comenzar a formarse, empezó a publicar a los trece con una historia de vaqueros, pero no por ello dejó de buscar el modo de mejorar sus conocimientos artísticos, ingresando a la temprana edad de dieciséis años en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires, de donde precisamente era director Vieytes. Allí recibió clases durante tres años de éste, Borisoff, De la Mota, Pereira, Novelle, o el enorme Alberto Breccia.


Carrera en Argentina.

Una historia de ciencia-ficción de 32 páginas para la revista Esquiú hizo que comenzara a trabajar en la Editorial Columba. Allí empezó con relatos cortos de tipo histórico y aventuras como El filibustero (1968) y La Guardia Suiza muere en Roma (1970), ambos escritos por Robin Wood, algunas adaptaciones de clásicos de la literatura como Los Tres Mosqueteros, e incluso adaptaciones de películas como La reina Cristina de Suecia. Hasta que en diciembre del 72 (enero del 73 según otros) empezó a dibujar los guiones de Héctor Germán Oesterheld (El Eternauta) para Roland el corsario en la revista Fantasía. Primero junto con David Mangiarotti y más tarde haciéndose cargo en solitario del apartado gráfico, completó los primeros 27 capítulos hasta su marcha definitiva a los Estados Unidos en 1974. En ese mismo año aún colabora con la Editorial Record en la revista Skorpio, con una historia llamada El pirata, justo antes de marcharse a Nueva York. A primeros de los ochenta, ya afincado en los USA, siguió colaborando con Columba en historias como El reloj de la eternidad, con guión de Leo Ventura.





Trabajos para Charlton Comics y Gold Key.

Desde el año 68 no obstante, ya alternaba su trabajo en Argentina con encargos para Charlton Comics. Primero con historias de monstruos y después con una serie de historias románticas realizadas por encargo desde Argentina a través de diversas agencias. Entre las publicaciones en las que colaboró se encuentran Ghostly Tales, I Love You, Hollywood Romances, Johnie Love, Just Married, Love Diary, Romantic Story, Sweethearts, Teen Confessions, o Time for Love, a cuyo número #18 corresponde esta página de aquí al lado (una historia corta de diez páginas llamada A kiss to remember). De esta manera pudo establecer cierta relación con Dick Giordano, editor por aquel entonces de Charlton y futuro colaborador en DC Comics. De la misma forma, también colaboró en algunas publicaciones de terror editadas por Gold Key, como Grimm's Ghost Stories o Boris Karloff Tales of Mystery.



Comienzos en DC Comics.

En 1974 se trasladó a Nueva York, donde conoció al editor de DC Comics, Joe Orlando. Su primer crédito para DC fue junio 1975 de Pesadilla En Oro dentro de Action Comics #448, en la que entinta los lápices de Dick Dillin. Al mes siguiente, hizo lo propio con el dibujo de Curt Swan en La vida privada de Clark Kent (Superman #289). Se pudo estrenar al dibujo y tintas con una historia de complemento protagonizada por Hawkman dentro de Detective Comics #452 (octubre de 1975) con guiones de escrita por E. Nelson Bridwell. A finales del 75 encadena su trabajo más continuado en DC hasta la fecha, realizando las portadas y los lápices de la miniserie de seis números Hercules Unbound (con tintas del mítico Wally Wood). A ese encargo le sucederían otros en los posteriores años como sus números en Tarzán sustituyendo a Joe Kubert (casi nada), Action Comics, Weird War Tales, Detective Comics, Adventure Comics, Superman (donde se alterna con Curt Swan y comienza su relación laboral con el guionista Gerry Conway), Batman o algunos de sus trabajos más destacados dentro de las colecciones Weird Western Tales y Jonah Hex (ambas protagonizadas por Hex), con guión de Michael Fleisher. En el año 1978 vuelve a colaborar con Gerry Conway en All-New Collector’s Edition #54, con una historia que enfrenta a Superman contra Wonder-Woman. Del mismo año es DC Comics Presents, una serie protagonizada por Superman y algún invitado de turno, que se lanzó en agosto del 1978 junto con el guionista Martin Pasko. 


Los gloriosos años ochenta.

En el año 81, José Luis García-López hizo algunos números de The Brave and the Bold y posteriormente encadenó algunos de los trabajos por los que será siempre recordado. El inolvidable crossover DC-Marvel entre Batman y Hulk dentro de la serie DC Especial Series #27 guionizado por Len Wein. En 1982 comienza el que será su trabajo más largo y lamentablemente nunca editado para ser adquirido por el aficionado. Estamos hablando de la DC Comics Style Guide, una iniciativa de Warner Bros para explotar los personajes de la compañía con fines de mercadotecnia. Otras obras muy destacables de esta etapa tan fructífera son Atari Force (escrita por el inefable Gerry Conway), que fue una de las últimas series largas que dibujó García-López. Aquí nos llegaron los 13 primeros números que fueron los que dibujó él con la ayuda en algunas páginas de las tintas de Eduardo Barreto, para posteriormente cambiarse los roles y entintar él el lápiz de Barreto hasta el penúltimo número de la colección. También de esta década está su participación en la miniserie que daba continuación a Camino a la Perdición (sí, la que llegó a hacerse película) con guiones de Max Allan Collins. En el 86 hace la miniserie de seis números que recupera a Deadman (con guión de Andrew Helfer), algún arco de Nuevos Titanes (sustituyendo a George Pérez), números suelto de Legión de Super-Héroes, y vuelve a colaborar en 1988 con Gerry Conway en una miniserie de cuatro números llamada Cinder & Ashe, que no tenía nada que ver con Atari Force, pero que es una de las obras por las que muchos aficionados (entre los que me incluyo) le consideran un auténtico maestro.


Los noventa y el reconocimiento de la crítica.

Su trabajo en la miniserie Twilight con Howard Chaykin llegó a recibir una nominación a “Mejor Dibujante” en los prestigiosos Premios Eisner del año 1992. No sería esta su última nominación. Personajes como Star Rovers, Manhunter 2070, o Tommy Tomorrow hacen de esta obra una de las más buscadas por los fieles de García-López. Posteriormente, empieza una etapa en la que pone su maestría al servicio de otros dibujantes, como por ejemplo entintando a Trevor Von Eeden y Russell Braun en Legends of the Dark Knight (del #16 al #20 con idéntica correspondencia en la edición de Zinco), dentro del serial Veneno, donde además hacía las portadas. Otro de los trabajos recurrentes del artista en este período fue la colección Elseworlds, donde alterna las tintas con los lápices en algunos ejemplares, como por ejemplo Superman: Kal (1995), Batman: Reign of Terror (1999), Superman Inc. (1999) y Superman: Realworlds (2000). Como curiosidad hay que decir que a pesar de que la mayor parte de su carrera la desarrolló para DC, en 1997 uno de los escasos trabajos que García-López hizo para Marvel, concretamente en el número único Dr. Strangefate para la línea Amalgam (que era coeditado con DC, no obstante), le valió otra nominación junto a Kevin Nowlan para los Eisner dentro de la categoría “Mejor dibujante y entintador o equipo de dibujante y entintador”.


El legado de García-López en el siglo XXI.

Desde el comienzo del nuevo siglo hasta la actualidad, José Luis García-López ha seguido produciendo en menor medida pero sentando cátedra en cada uno de los trabajos que ha acometido. Tras el Batman: Gotham Knights #10 (2000), se implicó en la esperada continuación de la primera miniserie de Deadman, con los llamados como números #5 y #6 en el año 2002. Más tarde, los seis números serían recopilados junto con las portadas que hizo para Deadman: Dead Again en un tomo editado aquí por Planeta DeAgostini en 2007. De 2003 data su participación en la miniserie de tres números que daba continuación (aunque contando hechos en paralelo) a Camino a la Perdición (llamada On the Road to Perdition) con guiones de Max Allan Collins. Tras algún número suelto en la regular de Hawkman, se encarga de otra miniserie en 2005, DC Special: The Return of Donna Troy con cuatro números escritos por Phil Jimenez y siendo entintado por George Pérez. Aquí fue editado por Planeta en un solo tomo un par de años más tarde. En 2006 dibuja un arco llamado The Hypothetical Woman (La Mujer Hipótesis) para la colección JLA: Clasificado, que ocupa seis números (del #16 al #21) con guiones de Gail Simone.

Uno de sus últimos trabajos más continuados es su arco con los Metal Men escrito por Dan DiDio (jefazo en DC Comics), dentro de la publicación colectiva Wednesday Comics que se extendió a lo largo de doce números en 2009. En 2011, Planeta lo publicó todo en su tamaño original (36’5×26 centímetros) dentro de un enorme  tomo de 200 páginas. Tras esto, lo hemos podido disfrutar en colecciones como Batman Confidential #26-28 (2009); DC Universe: Legacies #3-4 (2010); The Spirit, vol. 2, #17 (2011); o All-Star Western, vol. 3, #10 (2012). Destacar por último, el trabajo más reciente que ha llegado a las tiendas. Adventures of Superman: Jose Luis Garcia-Lopez recopila su trabajo en los años 70, tanto dentro de la colección de Superman (#294, #301, #302, #307, #308 y #309) como en el especial que lo enfrenta con Wonder Woman. La edición original del año 2013 ha sido hace pocos meses editada por ECC Comics, bajo el nombre de Superman contra el mundo, y se puede encontrar relativamente fácil.

Roberto Corroto.

28.8.09

“¿POR QUÉ TAN SERIO?” EL JOKER EN CINE Y TELEVISIÓN

"De entre todos los héroes y villanos que pululan por las calles de Gotham, probablemente el Joker sea el personaje que resulte más fascinante al gran público, coincidiendo en este punto con la mayoría de fans más acérrimos del cómic. La atracción que ejerce este complejo y retorcido villano le convierte en el más solicitado a la hora de llevar las aventuras de Batman a la gran o la pequeña pantalla. De hecho, si obviamos los primitivos seriales de los años ´40, el Príncipe Payaso del Crimen ha acompañado al Caballero Oscuro en prácticamente todas sus encarnaciones en los distintos medios".

Último artículo de la trilogía dedicada al Joker realizada por Jorge González Román.

Pincha aquí para su lectura.


No olvides visitar:

- CADÁVERES FELICES Y PECES SONRIENTES: EL JOKER PRE-CRISIS (1940-1986)

- HABÍA UNA VEZ DOS TIPOS EN UN MANICOMIO... EL JOKER post-Crisis (1986-actualidad)

C&TM DC COMICS

29.7.09

HABÍA UNA VEZ DOS TIPOS EN UN MANICOMIO... EL JOKER POST-CRISIS - 1986-ACTUALIDAD


En 1986, el universo DC parte de cero después de la famosa saga Crisis en Tierras Infinitas. Es una nueva oportunidad para relanzar a los personajes desde una perspectiva fresca y actual, en la que quedarse solo con aquello que demostró funcionar en el pasado, eliminando el innecesario lastre de casi 50 años precedentes de continuidad. En el caso del personaje de Joker, ha habido ya varias versiones que han conseguido dejar bien delimitadas las características que hacen del personaje el icono que es, estableciendo la línea a seguir para engrandecer la leyenda en el futuro.


Finger, Englehart y Miller. Con el paso de los años, infinidad de autores realizaron multitud de aportaciones, acertadas o no, pero quizá sean estos tres los guionistas que mejor han dejado establecidas las bases del concepto. Un fantasma bromista y sonriente, representante del caos y la locura, con un sentido del humor sádico y cruel que busca la diversión desenfrenada a través del caos y la perversión. El perfecto contrapunto a un Batman que intenta por todos los medios dar algún sentido a un mundo que para él ya lo perdió hace mucho tiempo, como de vez en cuando se encarga de recordarle Joker. Es el archienemigo por antonomasia que necesita de su némesis para lograr un desafío a su altura, que le permita expandir su excéntrica creatividad hasta nuevos límites insospechados.


Con las bases de este genial concepto tan bien delimitadas, el por muchos considerado como mejor guionista de comics de la historia, Alan Moore, se lanza a escribir en 1988 la obra maestra definitiva sobre el personaje: La Broma Asesina. Se trata de una de las mejores historias de Batman, la mejor en opinión de quien esto escribe; además de constituir un momento cumbre en el mundo del comic de superhéroes. A pesar de haber sido en ocasiones denostada por el propio Moore, siempre polémico y extravagante, la historia contiene una de las mejores reflexiones, si no la mejor, sobre qué se esconde detrás del fascinante binomio Batman-Joker. En una muestra de un poco habitual relativismo moral en el mundo de los superhéroes, el Joker pretende demostrar cómo su locura y maldad son producto de las circunstancias de un mundo cruel y sin sentido, en el que cualquiera puede enloquecer y corromperse si se le fuerza lo suficiente, si su mundo se vuelve del revés. Con ese fin, el malvado secuestra al comisario Gordon y le hace sufrir lo indecible, introduciéndole en un mundo de asfixiante locura en el que, entre otras cosas, le muestra cómo ha dejado parapléjica a su hija Barbara. Es así como Joker implora la comprensión de Batman, con un hecho tan cruel y extremista, de la única manera que podría hacerlo una encarnación del Mal en estado puro. El villano le intenta mostrar cómo ambos son dos caras de una misma moneda, dos respuestas desesperadas a un mundo hostil.


La desquiciada mente del Joker fabrica un pasado que justifica su posterior abandono total a la más desbordada locura, unas circunstancias especialmente crueles y desgarradoras que conducen a un trágico e inevitable desenlace. Supuestamente, empezó siendo un fallido comediante que, por azares del destino, se vio obligado a actuar como el criminal Capucha Roja. Un cúmulo de mala suerte destruyó su vida familiar, siéndole otorgado poco después su nuevo y estremecedor aspecto como Joker, tras caer accidentalmente en una cuba de residuos químicos tóxicos. La sutileza del guión deja entrever que el relato de su origen es el producto de sus delirios, que probablemente no sea cierto y constituya solamente una excusa para apoyar los planteamientos que el villano desea exponer a Batman. Algunos aficionados no han sabido verlo así, de manera que critican a Moore por establecer un origen definido para el Joker, cuando uno de los hechos que han de caracterizarlo es precisamente el de carecer de un origen, convirtiéndose así en el representante de la maldad y el caos sin sentido alguno.


También se suele criticar el hecho de que el comisario Gordon consiga no sucumbir a sus desgracias, en lo que a primera vista podría parecer un recurso de lo más tópico, mostrando cómo la voluntad de superación puede marcar la diferencia, con la típica moraleja de muchas historias norteamericanas. Sin embargo, se ha de saber ver más allá, pues es el inesperado y muy sorprendente final el que recoge todo lo acertado y único de la genial visión de Moore. Así, un irreconocible y sorprendente Señor de la Noche no encuentra más opción que estallar en carcajadas tras oír el chiste que le cuenta su enemigo. Un chiste que constituye una aguda metáfora que deja al descubierto una realidad ante la que Batman no puede por menos que reirse de sí mismo y de lo absurdo de la situación, una situación que condena a ambos a permanecer enfrentados en un desesperante bucle sin fin. El Caballero Oscuro descubre que ha estado tan obsesionado por atajar el mal que provoca su enemigo que no se ha dado cuenta de algo obvio y fundamental: ambos padecen de la misma locura que les hace embutirse en trajes ridículos y luchar una y otra vez sin que ninguno de los dos consiga un resultado claro. Dos mentes frágiles y perdidas, que no encuentran otra manera de reaccionar ante el dolor que vestirse con un uniforme de colores y salir por la noche a jugar a ser los representantes del Bien o el Mal. Los dos constituyen respuestas sorprendentemente parejas a la crueldad y el sinsentido de un mundo sin esperanza. Un mundo capaz de producir monstruos como ellos.

Es de destacar también el impactante dibujo de estilo realista con el que el genial artista Brian Bolland ambienta la historia. Sus ilustraciones relejan constantemente la frialdad y desesperanza que inspira este relato, de una crudeza descarnada y sin concesiones que consigue verse reflejada también en su aspecto gráfico. Con respecto al coloreado, Bolland ha realizado recientemente una nueva versión usando tonos más fríos y oscuros que sustituyan a los colores más cálidos empleados por el colorista original, John Higgins. Sin embargo, ninguna de las dos versiones desmerece en nada el resultado final y ambas pueden disfrutarse de igual manera.


Así, con la magistral Broma Asesina en mente y con la nueva oportunidad concedida con la saga Crisis, era cuestión de tiempo que algún autor se planteara la realización de una revisión del origen y primeras andanzas del Joker, adecuándolos a la nueva continuidad. Es necesario esperar hasta 1993 para que Dennis O´Neil se anime a relatar estos hechos en Legends of the Dark Knight #50. El en ese momento editor de los títulos de Batman comete el error de dar por sentado el pasado del Joker como Capucha Roja, con alusiones al respecto del propio Batman. En el relato, descubrimos cómo al principio Joker es objeto de burla entre el resto de mafiosos y somos testigos de la manera en que va consiguiendo sus pociones venenosas gracias a un peculiar secuaz experto en química. Diez años después, el genial guionista Ed Brubaker retoma la sutilidad de La Broma Asesina en el especial El Hombre que Ríe, nueva versión del origen en que se plantea que el pasado de Joker como Capucha Roja no tiene por qué ser cierto, y que probablemente no lo sea. Recientemente, tras los acontecimientos de la nueva Crisis Infinita, ha aparecido una nueva versión de los hechos en la serie Batman Confidential. La historia, absolutamente tópica y falta de interés, establece un origen totalmente definido para el personaje, perdiendo el atractivo que distingue a Joker de los demás villanos y lo convierte en un icono único.

También podremos ver al Joker de los primeros años de continuidad en las series El Largo Halloween y Dark Victory, en las que Jeph Loeb y Tim Sale nos presentan un Joker muy correctamente retratado, pero que pierde relevancia a favor del gran villano de la historia, Dos Caras.

Siguiendo la continuidad de los comics, Joker escapa de Arkham una vez más después de haber sido encerrado tras los hechos de La Broma Asesina. Esta vez, su afán de perversa diversión se centrará en una delirante relación con el gobierno ultrarreligioso iraní para conseguir armas nucleares de imprevisible uso. Estos acontecimientos forman parte de la histórica saga Una Muerte en la Familia, en la que el enfrentamiento entre el Caballero Oscuro y el Príncipe Payaso del Crimen irá un paso más allá cuando este último asesine a Jason Todd, el segundo Robin. En un desenlace algo estúpido y surrealista, sólo la delirante inmunidad diplomática del Joker como embajador de Irán evitará que el Caballero Oscuro descargue toda su ira sobre el villano, que acabará gravemente herido tras un enfrentamiento en un helicóptero. Por enésima vez, es dado por muerto al no existir escapatoria posible al accidente. Pero no será esta la primera ocasión en que el malvado consiga burlar la muerte.

En esta ocasión, le será algo más difícil salir indemne, de manera que, en su siguiente aparición, nos lo encontramos desahuciado e indefenso, lamiéndose las heridas en un escondrijo de mala muerte. El villano, desesperado, se ve obligado a contemplar cómo un impostor suplanta su identidad, hiriendo gravemente su orgullo y pervirtiendo su auténtico humor negro con bromas criminales zafias y de mal gusto. Se trata de la historia El Regreso del Joker, narrada por Jim Starlin y dibujada por Jim Aparo, el mismo equipo creativo de Una Muerte en la Familia que vuelve a reunirse ahora en Batman #450-451. En este nuevo relato, el ambicioso millonario Curtis Base emplea el disfraz del Joker para conseguir sus objetivos, mientras Batman y Gordon ven resurgir el fantasma de sus pérdidas personales con la “reaparición” del villano que las causó. Será necesario el apoyo mutuo entre los dos amigos para no ceder a la peligrosa tentación que ambos experimentan: la de poner punto final a la existencia del malvado cuyos actos les han ocasionado tan atroces sufrimientos. Al final de la historia, Curtis Base acaba consumido por los mismos ácidos que supuestamente dieron origen al auténtico Joker, en un intento por convertirse definitivamente en el nuevo Príncipe Payaso del Crimen. Este hecho da pie a pensar, una vez más, que es posible que la historia de su origen que el villano relata en La Broma Asesina no sea cierta.


En 1992, el por entonces nuevo Robin Tim Drake va a protagonizar una segunda miniserie en solitario, realizada por Chuck Dixon y Tom Lyle y someramente titulada Robin II. El desafío que afrontará en esta ocasión lleva el rostro del Joker, quien monta en cólera al descubrir que Robin, a quien supuestamente había asesinado, vuelve a estar en la ciudad. La sorprendente victoria del joven superhéroe contribuirá decisivamente a disipar los miedos de Batman, quien temía que su nuevo ayudante pudiera sufrir el mismo destino del anterior.

La siguiente ocasión en que el Joker escape de Arkham no lo hará por su propia mano, sino gracias a las acciones del genio criminal Bane, que hace explotar el manicomio para liberar a todos sus internos y acabar así con las fuerzas y la moral de un Batman ya agotado. Es 1993 y ha estallado la primera gran macrosaga del universo batmaniano: Knightfall. En esta grave crisis, es obvio que el Príncipe Payaso del Crimen supondrá uno de los mayores quebraderos de cabeza para el Señor de la Noche, que va a enfrentarse a él en peor estado que nunca, tras haber tenido que capturar a toda una legión de criminales psicóticos de Arkham. Esta vez, el Joker forma equipo con el Espantapájaros para llevar a la ciudad una auténtica orgía del caos. Los dos maníacos secuestran al por entonces alcalde de Gotham Armand Krol, al que instan a enviar órdenes erróneas a los equipos de seguridad, creando así el caldo de cultivo para un total descontrol en la ciudad, lo que supone una nueva oportunidad de loca y desenfrenada diversión para el Joker. Un abatido Batman conseguirá salvar la situación no sin grandes dificultades, con un rescate in extremis del alcalde Krol.

Joker seguirá suelto por las calles de Gotham hasta que su desquiciada psique le lleve a idear una nueva locura que suponga un renovado desafío para su alborotado ego criminal. El villano se propone ahora convertirse en ni más ni menos que director de cine y rodar un film que pretende basar en hechos reales: La muerte de Batman. Lo que el maníaco desconoce es la identidad del hombre que se oculta bajo la nueva armadura metálica del Señor de la Noche. Nos encontramos inmersos en la saga Knightquest-La Cruzada y es Jean Paul Valley quien carga con el manto del Murciélago. Este nuevo Batman no guarda los miramientos del anterior, así que propinará al Joker tal paliza que lo dejará al borde del coma. O eso puede parecer en un principio, porque el siempre escurridizo criminal conseguirá escapar de la ambulancia que acude a recogerle.


Libre otra vez, no tardará en dar problemas a un Bruce Wayne ya recuperado en la historia El Rey de la Comedia, en la serie Shadow of the Bat #37-38 (1995), con Alan Grant al guión y Barry Kitson a los lápices. En este relato, se comete de nuevo el error de tomar al pie de la letra el pasado de Joker como Capucha Roja, revelando nuevos detalles sobre sus fracasos como comediante. El criminal pretende ahora vengarse de quienes destrozaron su supuesto pasado, secuestrando a los miembros de un jurado de cómicos que se burló de su actuación. Pero el Payaso del Crimen no cuenta con la intervención de As, un nuevo vigilante de métodos extremistas que vio a su familia masacrada por la salvaje intervención de la banda del Joker. El maníaco queda de nuevo al borde de la muerte aunque, como en el caso de Valley, conseguirá burlar su destino y escapar libre.

Habrá que esperar a 1997 para ver de nuevo al Joker en las series regulares de Batman. El peculiar dibujante Kelley Jones no va a dejar escapar la oportunidad de someter al personaje a su personalísima visión artística, que ha hecho de su Señor de la Noche uno de los más aterradores del comic, enmarcando sus aventuras en un universo de estilo gótico muy acorde a sus historias. En esta ocasión, el Joker se verá envuelto en un estremecedor relato de magia y hechicería con Jason Blood-Demon de por medio; al final del cual será encerrado de nuevo en Arkham.

Y como todos sabemos que el destino de Batman es el sufrimiento, en 1998 sobreviene una desgracia cuya gravedad rivaliza con la de todas las precedentes: un terremoto asola Gotham en la saga Cataclismo. En principio, Arkham Asylum permanece en pie y, en un magistral relato de Chuck Dixon (Encargo sin sentido, de Detective Comics #726) Batman visita a Joker en su celda para exigirle información sobre un caso, en una historia que supone una excusa para realizar un excelente ejercicio de profundización en la intrincada relación entre los dos personajes. Poco después, y antes de que Gotham sea declarada Tierra de Nadie, la enfermiza locura del Joker le llevará a planear una delirante estratagema para, junto al resto de internos, tomar el control de Arkham Asylum y escapar libres a una Gotham City dejada de la mano de Dios.


Dentro de la saga Tierra de Nadie, va a producirse un acontecimiento largamente esperado en el mundo del comic: la introducción de Harley Quinn, la desquiciada ¿novia? del Joker, en la continuidad regular de Batman. En el especial Batman: Harley Quinn, la excéntrica ex-psiquiatra mostrará su retorcido amor hacia un reticente Joker en una estrafalaria y divertida historia de la mano del genial Paul Dini. La presencia de Harley Quinn supone ahora un inesperado aliciente para la expresión de una desbordada alegría perversa por parte del Príncipe Payaso del Crimen, que, ahora más que nunca, buscará la diversión y el desenfreno por encima de cualquier otra cosa. En su primera gran asonada en Tierra de Nadie, se postulará como candidato a la alcaldía de Gotham, incluyendo una maliciosamente divertida campaña electoral. Poco después, intentará meter baza en los asuntos de Lex Luthor, que enviará contra él a su nuevo guardaespaldas, Bane, que le infringirá una humillante derrota con una brutal paliza que le obliga a huir.

Pero el mismísimo Príncipe Payaso del Crimen no podía acabar esta gran macrosaga como un villano desahuciado y olvidado. Es así como en el acto final se desencadena toda su crueldad para llevar al límite a Batman y sus aliados. El genial guionista Greg Rucka narrará el trágico y salvaje asesinato de la heroica policía Sarah Essen, mujer de Jim Gordon. Al final del relato, el Comisario podrá verse cara a cara con el demente que supone la encarnación de todos sus sufrimientos, y Batman no encuentra fuerzas para detenerle cuando el policía alza su arma contra el criminal. Al final, Gordon se conformará con un disparo a la rodilla del Joker, dejando tras de sí al dolorido maníaco envuelto en inesperadas carcajadas, abandonado a una enfermiza locura de la que está claro que jamás podrá salir.

Y entramos así en el siglo XXI, una época en la que, desgraciadamente, Joker no va a ser especialmente bien tratado en el mundo del comic. Los diversos autores que lo empleen no querrán o no sabrán aprovechar el excelente bagaje previo que ha acumulado el personaje en muchas estupendas historias precedentes. En 2001, Chuck Dixon idea la saga The Last Laugh, en la que Joker descubre que padece de cáncer terminal y organiza una despedida a lo grande, dedicándose a “jokerizar” a algunos de los más grandes villanos del universo DC. El habitualmente notable Chuck Dixon muestra aquí su lado más desafortunado, creando una historia estúpida y superflua llena de tópicos e inconsistencias, con muy escasa relevancia en el devenir futuro de los comics del Caballero Oscuro.

En 2003, se publica la comercialmente muy exitosa saga de Jeph Loeb y Jim Lee, Silencio. Joker aparece tratado de forma muy tópica y superficial, debido a la pretensión de losautores de incluir a la fuerza a todos los villanos de Batman, aunque tengan que aparecer insertos en situaciones en las que no encajan demasiado. Poco después, A.J.Lieberman guionizará el arco El Regreso de Silencio, en los números 50-55 de la serie Gotham Knights. Se nos mostrará aquí a un Joker irreconocible y constantemente fuera de personaje, con una extraña actitud seria y contenida típica de cualquier capo barato de la mafia. El villano experimenta inconcebibles sentimientos de añoranza hacia su supuesta mujer Jeannie, que aparecía dentro del relato de su origen en La Broma Asesina. Así, se cae una vez más en el error de asumir como totalmente cierto su pasado como Capucha Roja, llegando en esta ocasión al nivel del ridículo al descubrirse que Enigma presenció parte de los hechos y guarda ahora cierta información de interés para el Joker.

Así pues, el personaje no volverá a ser tratado con dignidad hasta que el genial guionista Paul Dini lo haga brillar de nuevo en Detective Comics #825. Se trata sólo de un único número autoconclusivo, pero en él volvemos a ver al Joker en todo su esplendor, con un sadismo y crueldad desmedidos y buscando ante todo la diversión a través del mal ajeno, poniendo en graves aprietos a Robin-Tim Drake en esta ocasión.


La última novedad destacada sobre el personaje ha sido la publicación de una interesante novela gráfica dedicada por entero a él, titulada simplemente Joker. El guionista Brian Azzarello presenta un entorno muy realista, con todos los personajes adaptados a la actitud y el aspecto que tendrían en una hipotética “vida real”. El dibujante, Lee Bermejo, se convierte en el precursor del exitoso nuevo look del Joker, que incluye una sonrisa forjada a base de cicatrices faciales, la cual será usada en la posterior obra maestra cinematográfica que es The Dark Knight.

No cabe duda de que Joker, que ya era el más famoso villano del mundo del comic, se ha confirmado por derecho propio en el puesto, convirtiéndose en un icono tan reconocible como el propio Batman. Como favorito de muchos autores, puede percibirse el especial esmero que generalmente se dedica a cada una de sus apariciones en el comic, y es que la intrincada complejidad psicológica de este personaje puede resultar tan fascinante como la del propio Batman. A lo largo de su dilatada existencia en el mundo del comic, la historia del Joker puede considerarse casi como la historia de Batman, pues su archienemigo casi siempre está presente en cualquier acontecimiento vital en la vida del Caballero Oscuro. Siempre que algo importante le ocurra al Señor de la Noche, Joker estará ahí, provocando la incómoda pero inevitable sonrisa del lector en los momentos más inoportunos.

Por Jorge González Román


18.6.09

BATMAN: LA VIDA DEL HÉROE - 70 ANIVERSARIO


El 6 de abril de un año indeterminado. Ese día, o más bien habría que decir esa noche, Gotham City vio por primera vez la sombra de un murciélago gigante. No había pasado siquiera un mes desde que ese mismo animal, un murciélago, entró por una ventana de la Mansión Wayne y se posó sobre el busto del doctor Wayne, delante de un Bruce Wayne herido y confuso que, en ese momento, ve claro el camino a seguir. Y sólo tres días después, la existencia de este nuevo personaje llega a manos del Departamento de Policía de Gotham City. Así nos relata Frank Miller los primeros pasos de Batman en ‘Año Uno’, editado en 1987, casi cinco décadas después de que Bob Kane creara un universo nuevo y diferente, un personaje destinado a entrar e la Historia más dorada del noveno arte. Así descubrimos quién es Batman. O quizá habría que decir qué es Batman. Porque Batman no es una persona. Es un héroe, un icono, una leyenda.




Lo que se sabe de Batman siempre depende de la época de la que estemos hablando, aunque la base es siempre la misma: es un vigilante que lucha contra el crimen en su ciudad, Gotham City, para evitar que otros sufran la misma tragedia que vivió él, el asesinato de sus padres cuando era sólo un niño. El Batman de los años 40, 50 y 60 era un Batman público, casi un funcionario más, un colaborador de la Policía de Gotham y un personaje que no rehuía las cámaras ni la publicidad. Ese Batman era un modelo social, de la misma forma que lo era (y es) Superman. Con los años 70, 80 y 90 volvió un Batman más oscuro, más misterioso y más desconocido para el público en general, como el de sus primeros días. Y con el nuevo siglo, Batman se convierte casi en una leyenda urbana. ¿Existe? Sólo quien le necesita y quien merece su castigo lo sabe en realidad.

Batman siempre ha parecido un solitario, pero nada más lejos de la realidad. Lo que siempre ha tenido en su cruzada ha sido precisamente compañía, casi desde el comienzo de su carrera. Robin llegó, para los lectores, en 1940, y dentro del universo en el que vive el personaje, en su tercer año de carrera (así se cuenta en la miniserie ‘Ano Tres’). Bruce Wayne acoge a Dick Grayson tras ver el pequeño acróbata circense el asesinato de sus padres durante una actuación. Parece que es el millonario filántropo quien está haciendo una buena acción, pero en realidad es Batman quien ha encontrado su primer gran ayudante. Robin había nacido y durante 70 años ha sido quien ha dado humanidad a Batman. Bruce Wayne tenía a Alfred, al propio Dick, a Vicky Vale, a Selina Kyle, a Talia. Pero Batman siempre tuvo a Robin.



Con la mayoría de edad de Dick, Batman se quedó sin Robin, pero por poco tiempo. Jasón Todd, un joven huérfano y problemático, trató de robar las ruedas del Batmóvil. Y fue descubierto por el dueño del emblemático vehículo Batman ve en él potencial para ser el segundo Chico Maravilla. Su carrera fue breve, puesto que fue asesinado por el Joker (en ‘Una muerte en la familia’). Batman atravesó entonces sus peores momentos. Su carácter se agrió más, sus luchas eran cada vez más descuidadas e irresponsables, la ira menguaba las habilidades del mejor detective del mundo. Hasta que apareció el tercer Robin, un joven llamado Tim Drake que había conseguido averiguar que Dick Grayson era Nightwing y fue Robin y, a partir de ahí, que Bruce Wayne se ocultaba tras la máscara de Batman. Eso le dio legitimidad para vestir el uniforme. Y a Batman el compañero que nunca perdió.

Aunque el playboy mujeriego es Bruce Wayne y aunque Batman sabe que quien esté cerca siempre vivirá en el filo de la navaja, el héroe también ha tenido sus romances, romances siempre relacionados con su actividad como vigilante. Quizá el gran amor de Batman sea Talia, la hija de Ra’s Al Ghul. De hecho, es el amor de la joven lo que lleva a Ra’s a probar las habilidades del Caballero Oscuro y decidir finalmente que es el único hombre digno de pedir su mano y heredar su imperio. Talia y Batman tienen un hijo, Damian, criado a la sombra de la Liga de Asesinos. Catwoman y Batman siempre desprendieron sexualidad y durante muchos años estuvieron cerca de ser algo más que enemigos o compañeros, hasta el punto de que en la Tierra-2 del Universo DC llegaron a casarse. ¿Batgirl? Sólo en algunas encarnaciones como la serie de animación de los años 90, ya que en el mundo del cómic la historia sentimental que protagoniza Barbara Gordon es con Dick Grayson.

Batman fue uno de los miembros fundadores de la Liga de la Justicia, que debutó en el número 28 de ‘The Brave and the Bold’, publicado en 1960. No se narraba ahí el origen del equipo, pero sí se anunciaba que “los grandes héroes de nuestro tiempo se unían para combatir a todos los enemigos de la humanidad”. Y Batman, claro, tenía que estar ahí. Con el paso del tiempo, y según iban alcanzando más seriedad las historias y profundidad los personajes, se vio que las relaciones del Caballero Oscuro con la Liga eran más o menos distantes. Batman era miembro de la Liga de la Justicia y allí estaba cuando su concurso era imprescindible, pero Gotham y sus asuntos propios tenían prioridad. Esa particular relación quedó plasmada a la perfección en la serie animada de ‘La Liga de la Justicia’ de los años 90.



Según iban creciendo los problemas de Batman con la Liga y el distanciamiento fue mayor, el Señor de la Noche optó por crear un nuevo grupo que siguiera con mayor fidelidad sus premisas, los Outsiders. El debut del grupo, curiosamente, se produjo en la misma colección, ‘The Brave and the Bold’, en su número 200. En él, y tras solucionar el caso que se les presenta, Gordon le pregunta a Batman si sus acompañantes son miembros de la Liga. “No, comisario, y tampoco lo soy yo. Ya no. Se... Nos hacemos llamar los Outsiders”, le responde el protector de Gotham. Su liderazgo del grupo duró 32 números de su propia colección mensual (‘Batman y los Outsiders’), aunque más adelanto hubo ocasiones en que se cruzaron de nuevo los caminos de Batman y de los Outsiders.

Con ser importantes estos lazos, con quien siempre ha mantenido Batman una relación especial es con Superman. Ambos son los dos primeros superhéroes del siglo XX, ambos son iconos del Universo DC y de la cultura norteamericana contemporánea. Y en la historia narrada en las viñetas, ambos son amigos. De una manera muy especial, pero amigos. Si no lo fueran, ¿habría confiado Superman a Batman un trozo de kryptonita como medio para destruirle en el caso de que perdiera el control algún día? Cuando un terremoto destruyó Gotham (en la saga ‘Cataclismo’), Superman apareció para echar una mano al Caballero Oscuro, cuando el Hombre de Acero se casó fue Batman quien hizo gestiones con la Liga de la Justicia para que Metrópolis estuviera bien vigilada en su ausencia. Y así siempre. A pesar de ser tan distintos como la noche y el día, hoy cuentan con una colección conjunta, heredera de ‘World’s finest’ (¿hay mejor título para esa colección que ‘Los mejores del mundo’?), que se editó entre 1941 y 1986.

Los lectores saben sobradamente que Batman es Bruce Wayne. Pero no siempre ha sido él el hombre bajo la capucha. Quizá el cambio más radical en la vida del protector de Gotham se produjo cuando Wayne tuvo que renunciar al manto del murciélago. Bane le había destrozado la espalda (en la saga ‘Knightfall’), pero Batman debía seguir adelante para evitar que Gotham quedara sumida en el caos. El elegido fue Jean Paul Valley, conocido como Azrael, un joven físicamente preparado para el papel pero con serios problemas psicológicos que le incapacitaban para recoger el pesado legado del mejor detective del mundo. Y esos problemas llevaron a Jean Paul a quebrar la norma más importante que rige la existencia de Batman: el carácter sagrado de la vida humana. Azrael, con una nueva armadura, dejó morir a un villano, Matadero, sin mover un dedo. Tras conocer estos hechos, Bruce Wayne reclamó de nuevo el manto del murciélago, derrotó a su confundido pupilo y se marchó de forma temporal de Gotham, dejando un nuevo heredero para proteger su ciudad.



Esta vez sí, Dick Grayson se convirtió en Batman, el paso natural y para el que había sido adiestrado años atrás. El suyo fue un Batman más dialogante que el de Bruce Wayne, más humano, menos poderoso, pero igualmente noble. De tal palo, tal astilla. El relevo en el manto del murciélago y, sobre todo, la etapa de Jean Paul como Batman provocó la mayor quiebra en la relación entre el Señor de la Noche y el mejor amigo que jamás ha tenido: Jim Gordon (el nacimiento de esa amistad se vio en ‘Año Uno’). Para el comisario de Gotham pronto se hizo obvio que era otro hombre el que vestía el disfraz, y se sintió dolido por la falta de confianza que demostró el auténtico Batman en él. Bruce Wayne tuvo que recomponer esa relación cuando regresó a su carrera como vigilante. Y lo logró. Porque una amistad como esa, por muchos altibajos que tenga, no es fácil de romper.

Tras retirarse Gordon, la relación de Batman con la Policía de Gotham no fue tan fluida, y llegó a su momento más oscuro con el sustituto de Gortdon, el comisario Akins, que incluso llegó a destruir la Batseñal. Los agentes de la Ley perdieron toda la confianza en Batman tras los hechos narrados en la saga ‘Juegos de guerra’. “El murciélago nos ha vendido bien esta vez. Ha puesto en peligro nuestras vidas y la de todo buen ciudadano de Gotham. Así que desde ahora se acabaron las balas de goma. Si veis a alguien con máscara, disparad a matar”, proclama Akins. El regreso de Gordon a la Comisaría de Policía, como se ve ‘Un año después’, devuelve la Batseñal a su azotea. Batman vuelve a ser aliado de la Ley. “Me alegro de que hayas vuelto”, le dice Gordon. “Yo podría decir lo mismo”, le responde Batman. La amistad sigue tan intensa como el primer día.

Casi desde el principio de su carrera, Batman tuvo otro aliado en el entramado legal de Gotham: Harvey Dent, el fiscal del distrito. Ese pasado como amigos es lo que da una dimensión aún más trágica a uno de los villanos esenciales de Batman, Dos Caras. ‘El largo Halloween’ detalla esa relación, sobre el nacimiento de una esperanza para Gotham (la unión de Gordon, Dent y Batman para acabar con el reino criminal de Carmine Falcone) y su progresiva caída, la de la personalidad de Harvey Dent en la de Dos Caras. “¿Valió la pena?”, se llega a preguntar Batman ante Gordon tras detener por primera vez al villano. Miles de cómics han explorado esa dramática relación entre el héroe y su enemigo. La película ‘El Caballero Oscuro’ también la exploró con enorme interés.

Aunque las sombras son el hábitat natural del protector de Gotham, quienes le han visto siempre han contemplado un aspecto similar. El traje de Batman ha permanecido más o menos inalterable durante sus 70 años de vida: de color gris, con capucha, capa, botas y guantes azules (la tonalidad de ese azul fue aclarándose desde el negro inicial), un cinturón amarillo y un murciélago de color negro como símbolo en el pecho. Ya en sus primeros años de vida, los guantes incorporaron los pinchos característicos. No hubo grandes cambios hasta los años 60. El ‘new look’ del personaje, además de un tono diferente y mucho más ligero en las historias, incorporó un óvalo amarillo en torno al murciélago del pecho. El uniforme siempre había sido de tela, pero a partir de los años 80 fue incorporando mayor protección. Un signo de que los tiempos iban cambiando y los criminales, y no sólo los supervillanos, incorporaban tecnología cada vez más avanzada a sus arsenales.

Para encontrar un cambio radical en el traje de Batman hay que llegar a los años 90, a la sustitución de Bruce Wayne por Jean Paul Valley. El ‘sistema’ que la Orden de San Dumás le inculcó para convertirse en el ángel vengador Azrael le llevó a descartar el viejo uniforme de Batman y crear una armadura de combate que pasó por tres estadios diferentes en muy poco tiempo. Los guantes se convirtieron en garras, la capucha en un casco y el material antibalas en una protección más poderosa. El regreso de Wayne transformó también el traje, volviendo a la forma originaria pero pasando a ser totalmente negro, con el óvalo amarillo en torno al murciélago. Pero poco después recuperó sus colores tradicionales, aunque con tonalidades oscuras, por lo que también desapareció el amarillo.



Si Bruce Wayne desarrolla su actividad en la Mansión Wayne, Batman trabaja bajo la vivienda, en la Batcueva. Allí reúne todo el equipamiento necesario para luchar contra el crimen, desde su ordenados a un completo laboratorio, pasando por todos los vehículos que ha utilizado (fundamentalmente el Batmóvil). Wayne descubrió la cueva bajo la Mansión cuando apenas tenía cuatro años, al caer por un pozo en los terrenos de la familia. Su padre le ayudó a salir de la cueva, que estaba repleta de murciélagos. Cuando encauzó su vida a la lucha contra el crimen, Bruce recordó la existencia de la cueva y decidió, con la ayuda de Alfred, convertirla en su cuartel general. En la Batcueva hay también una zona dedicada a trofeos y recuerdos que ilustran a la perfección la carrera de Batman. Junto a ellos está siempre el traje del segundo Robin.

Quizá algunos piensen que la vida de Batman se podría resumir en sus enfrentamientos con el Joker, Ra’s Al Ghul, el Pingüino, el Acertijo, Hiedra Venenosa, Bane o Silencio. En sus luchas contra las mafias de Gotham. En la plasmación de una promesa hecha por un niño a sus padres asesinados. Y quizá sea así. Pero la vida de Batman ha dado ya para 70 años de historias, decenas de colecciones y miniseries diferentes y multitud de adaptaciones televisivas y cinematográficas. Y es que parece imposible resumir la vida de Batman en unas pocas líneas, más allá de unos trazos básicos que despierten la curiosidad de los lectores por conocer más sobre una leyenda universal y, sobre todo, inmortal.

Juan Rodríguez Millán

15.6.09

CADÁVERES FELICES Y PECES SONRIENTES: EL JOKER PRE-CRISIS (1940-1986)

En 1940, va a salir a la luz el número 1 de la serie de Batman, el nuevo personaje que ha causado sensación en la serie Detective Comics. Para dar lustre al acontecimiento, los responsables se lanzan a crear enemigos realmente especiales que contribuyan a enriquecer el fantástico universo del Señor de la Noche. El éxito va a ser tal que, en la primera de las historias incluidas, aparecerá el que más tarde llegará a convertirse en el villano más popular del mundo del comic.

El éxito no fue casual, y es que Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson van a trazar un plan maestro para proporcionar a Batman el enemigo que se merece. La idea principal es dar vida a un criminal bromista y sádico, representante de la locura y el caos; en un perfecto contrapunto a todo lo que simboliza el Hombre Murciélago. Va a nacer el Joker. Esta primera historia sienta cátedra, dejando establecidos los principales elementos que convertirán al personaje en un icono imprescindible del mundo del comic. El lector puede percibir la angustia que despierta una mente enfermiza que goza de un disfrute sádico con el sufrimiento de sus víctimas. Una maldad inquietante, sin concesiones, que mata dejando una espeluznante sonrisa cadavérica y deforme. La manera en que anticipa la muerte de su objetivo, que se logra a pesar de las muchas prevenciones policiales, da idea del nivel de este nuevo villano psicópata que va a poner a prueba el temple y habilidades del Señor de la Noche. Por fin Batman ha encontrado un antagonista a su altura. Todos los implicados sienten que algo realmente especial está ocurriendo, y es así como el Joker se convierte en el primer villano recurrente de la historia de Batman. Aunque en principio Bill Finger pretendía matarlo al final de la cuarta historia del Batman 1, el editor Whitney Ellsworth le insta a dejarlo vivo. Ellsworth comprende el gran potencial que encierra el personaje y que lo hace idóneo para muchas historias más, percibiendo la condición icónica del malvado, el primer y más ilustre representante de la en el futuro extensísima galería de villanos.


Las disputas en torno a la creación del personaje son variadas, la principal entre Bob Kane y Jerry Robinson, que citan diferentes fuentes de inspiración determinantes en el proceso. Sin embargo, se acepta que se trata de una idea común a los talentos de Kane, Robinson y el guionista Bill Finger; influenciados por muy diversas fuentes en un momento de auténtico torrente creativo. Especial relevancia tendrá el film El Hombre que Ríe, basado en la novela homónima de Víctor Hugo, de donde Kane recuerda al actor Conrad Veidt luciendo una horrible sonrisa deforme. Robinson aportaría la idea del comodín de los naipes como base para el diseño del asesino sonriente.

El nuevo antagonista causa verdadera sensación entre los lectores y no tarda en volver a aparecer en Batman 4. En Detective Comics 44, de 1942, Bill Finger acentúa el tono oscuro de las historias dejando al Joker a merced de la silla eléctrica. Sin embargo, es obvio que el personaje debe vivir para luchar otro día, de manera que usará una especie de medicamentos para escapar. Se da origen así a otro de los rasgos característicos futuros del villano: su facilidad para escapar de la muerte cuando parece imposible.

En 1944, podremos presenciar otro acontecimiento histórico de los comics del Caballero Oscuro, cuando en Batman 25 se produce la primera alianza entre dos supervillanos, con Joker y el Pingüino como protagonistas. La historia se titula Knights of Knavery (algo así como “Caballeros de la Villanía”) y Jerry Robinson se encarga una vez más del dibujo, siendo él quien definirá el aspecto del Joker durante sus primeros años y dejará establecidas las bases de la apariencia general del personaje. Al guión se nota la ausencia de Bill Finger y la tendencia progresiva a la dulcificación de las historias. El Joker ya no muestra su sadismo enfermizo, sino que se enzarza en una hilarante rivalidad con el Pingüino por el título de mejor villano, circunstancia que aprovechan Batman y Robin para infringir a ambos una humillante derrota.



El siguiente relato imprescindible dentro de la historia del Joker se publicará en 1951, en Detective Comics 168, con el título de The Man behind the Red Hood (“El Hombre bajo la Capucha Roja”). Bill Finger revela aquí el origen del villano, quien al principio actuaba como el criminal Capucha Roja, hasta que cayó accidentalmente en una cuba de productos químicos que blanquearon su piel y le otorgaron su horrenda sonrisa; suponiendo todo ello un grave impacto psicológico que dio lugar a su desatada locura. La mayoría de aficionados coincidirán en lo desafortunado de la historia, pues el hecho de que la locura del Joker haya sobrevenido por causa accidental le convierte en uno más, en un malvado muy similar a muchos otros. Uno de los rasgos que hacía único a este villano era la falta de un origen definido, que le hacía configurarse como el mal en estado puro, como el representante del caos sin motivo que suponía la perfecta antítesis para Batman. Con esta historia se pierde una de las cualidades que convertían al personaje en un icono diferenciado del resto.

Los años pasan y los primeros años de la década de los cincuenta ven brillar a Dick Sprang como uno de los grandes autores que van a configurar el surrealista universo del Señor de la Noche de aquellos tiempos. De entre sus múltiples comics destaca Los Millones del Joker, una disparatada historia en que el villano debe enfrentarse a Batman y al servicio de recaudación de impuestos, que le reclama varios pagos. El relato puede tomarse como una original referencia al mafioso de la vida real Al Capone, que tras cometer horribles crímenes, acabó en la cárcel acusado de evasión de impuestos.

Y será en esta época cuando Joker y Batman conozcan a un enemigo común, que no vive en las viñetas sino en el mundo real: el psiquiatra Frederic Wertham. Un estudio del doctor, de gran influencia en el gobierno americano, concluye que los comics son responsables de muchas alteraciones en el comportamiento adolescente. Así, el género sufrirá grandes cambios, y en el caso de Batman, sus historias se infantilizan hasta llegar a niveles ridículos e inconcebibles. Los villanos habituales son considerados demasiado oscuros y retorcidos, de manera que pasarán varios años sin que Joker vuelva a aparecer por las viñetas. Hasta principios de los años sesenta no podrá volverse a ver al villano, que regresa de la mano de Sheldon Moldoff, dibujante que establece un record de permanencia en las series del Caballero Oscuro al encargarse de Batman y Detective Comics durante casi diez años de manera continuada. Es el periodo de las historias más bizarras e infantiloides de Batman en el comic. Algunos relatos curiosos son el ambientado en una realidad alternativa en que Batman y su hijo Robin se enfrentan al hijo del Joker (Batman 145) u otro en que un jurado de Jokers decide el destino de Batman (Batman 163).


Es necesario esperar a la década de los setenta para ser testigos de una nueva época de esplendor para el Señor de la Noche, con el renacimiento oscuro que esperaban todos los aficionados. Denny O´Neil y Neal Adams nos ofrecen esta más que necesaria renovación, y es evidente que no dejarán escapar la oportunidad de tratar con el mejor villano de todos: el Joker. En Batman 251, el dúo nos sorprende con “¡Las cinco venganzas del Joker!”, donde el malvado vuelve a ser el que era. Un fantasma sonriente y despiadado recorre Gotham, y disfruta sembrando el caos, recreándose en la violencia. La crueldad del Joker remite a la de sus mejores tiempos, buscando ahora vengarse de los antiguos miembros de su banda que le habían traicionado, exhibiendo en el proceso una locura desatada en todo su esplendor. La historia acaba mostrándonos la típica creatividad del Joker en sus consabidas trampas para Batman. En esta ocasión, el Murciélago se ve envuelto en una angustiosa escena en la que debe escapar de un tanque de agua en el que se halla encerrado junto a un mortal tiburón.

Precisamente, los años setenta suponen un punto de máxima popularidad para el Joker, que se convierte en el primer villano del Universo DC en disponer de una serie regular propia. La experiencia durará nueve números durante 1975 y 1976, y se verá lastrada por las limitaciones impuestas por el entonces todopoderoso Comics Code, el código moral de los comics que establece aquí que Joker ha de ser detenido al final de cada episodio. Los encargados son nombres de prestigio de esa época del comic, como el notable dibujante español José Luis García López, Irv Norvick o el mismo Denny O´Neil. En las historias, Joker no se enfrenta necesariamente a Batman, siendo especialmente memorable el nº3, en que es el no menos esquizofrénico Creeper quien planta cara al Joker, en un relato que desborda locura.


Si mítico es el equipo creativo O´Neil-Adams, no lo es menos el dúo formado por el guionista Steve Englehart y el dibujante Marshall Rogers. En su corta pero intensísima etapa en Detective Comics (núms. 469-476, de 1977), nos presentarán lo que muchos aficionados llaman “el Batman definitivo”. Si bien puede discutirse la condición de definitiva de esa versión de Batman, no es posible hacerlo con la interpretación del Joker mostrada aquí. Se presenta al Joker definitivo, al menos en su aspecto gráfico. El diseño del villano toma lo mejor de las caracterizaciones anteriores para dar forma a una versión que supondrá el punto de referencia en la mente de todos los aficionados. A nivel argumental, todo lo mejor del personaje se encuentra también en esta nueva versión. Su nuevo plan es delirante como pocos: envenena las aguas de la bahía de Gotham con su gas de la risa, para que los peces muestren su misma mueca diabólica sonriente y así cobrar derechos de autor. Los responsables de que ello no sea posible quedan amenazados de muerte, de manera muy similar a lo visto en el mítico Batman#1.

Se establece además una crucial reflexión sobre el binomio Batman-Joker, según la cual el villano necesita de su némesis para disponer de un adversario a su altura. Batman es el necesario desafío que le induce a afilar su demente creatividad hasta niveles cada vez más sofisticados, en un intento por complacer su esquizofrénico ego criminal como Príncipe Payaso del Crimen. Todo queda perfectamente resumido en una frase para la eternidad: “¡El Joker debe tener a Batman!... ¡No! ¡El Joker merece a Batman!” Esta aproximación a la relación entre los dos personajes cala hondo en muchos autores que la usarán en futuras grandes historias sobre el personaje. La saga de Englehart y Rogers culmina con la típica escena de lucha entre los dos archienemigos, mostrando el canónico desenlace en que aparentemente Joker muere, despareciendo sin dejar rastro.



En 1986, Frank Miller cambiará para siempre el mundo del comic con su obra maestra Dark Knight Returns. El genial autor hace crecer al género superheroico creando una historia madura, con personajes con un perfil psicológico complejo y de una crudeza real y sin concesiones. De acuerdo al tono transgresor y extremo de la historia, todos los elementos que caracterizan al Joker van a ser llevados al límite. Esta vez, su maldad va a revelar una crudeza real y sin concesiones, que hace que Batman llegue a culpabilizarse por haberle dejado vivir. Dentro del complejo perfil psicológico que se otorga a cada personaje, va a quedar definida la enfermiza fijación del Joker por Batman, intentando siempre poner a prueba su resistencia psicológica. Con la nueva caracterización del villano como homosexual, la obsesión por su enemigo alcanzará cotas nunca vistas, con una pelea final brutal y descarnada que termina en el Túnel del Amor de un sórdido parque de atracciones. Miller concibe a Joker como una vieja leyenda criminal ya acabada y desvencijada, que busca dar un golpe de efecto definitivo para reafirmar así su enorme ego. Este es un factor determinante en el hecho de que el grado de crueldad y sadismo del Joker se vea precipitado a un nivel límite.

Antes de la llegada de las Crisis en Tierras Infinitas, el Joker se ha convertido ya por derecho propio en el indiscutiblemente mejor villano del mundo del comic. Finger, Kane, Robinson, Sprang, O´Neil, Adams, Englehart, Rogers, Miller... son muchos los nombres ilustres que han contribuido a forjar una leyenda. Pero lo que probablemente ninguno de ellos llegara a intuir es que el mito es tan grande que su trabajo no representaba mucho más que el establecimiento de las bases de un concepto genial. Lo mejor aún estaba por llegar...

Por Jorge González Román

8.6.09

ALFRED PENNYWORTH: EL VIGILANTE DEL VIGILANTE

No es nada descabellado decir que el personaje que más sabe sobre Batman es el mayordomo de Bruce Wayne, Alfred Pennyworth. A pesar de no ser un superhéroe, es quien más íntimamente ha conocido las aventuras y desventuras del guardián de Gotham. Es el vigilante del vigilante, aquel que vela por cumplir con todo aquello que Batman no puede alcanzar. Quien hace que Bruce Wayne mantenga una vida lo suficientemente activa como para que nadie se plantee si ese playboy tiene en realidad otra ocupación por las noches. Quien se ocupa de que todos los vehículos y artefactos de Batman estén dispuestos para su uso. Quien cura las heridas físicas y psicológicas de los héroes que habitan en la Batcueva. Y aunque casi todos los fans de Batman sabrían decir quién es Alfred y qué le caracteriza, muchos detalles sobre su vida y su pasado han ido cambiando sobre la marcha. Es parte de su grandeza.



“¡Sorpresa! ¡Alguien averigua las verdaderas identidades de Batman y Robin! ¿Quién puede ser?”. Esta era la leyenda que aparecía en la portada del número 16 de ‘Batman’, publicado en abril de 1943. Ese misterioso personaje era Alfred Pennyworth, al que se presenta todavía sin el apellido. En su primera aparición, averiguamos que es un caballero inglés que ofrece sus servicios a Batman y Robin como “un criminólogo amateur con poca experiencia pero mucho talento”. Batman le emplaza a llamarle en algún momento y discutirlo, a sabiendas de que desconoce cómo contactar con él. Pero Alfred se presenta... en la Mansión Wayne, para sorpresa de Bruce y Dick Grayson. No, no ha averiguado todavía las identidades del dúo dinámico, sino que se presenta allí para ser el mayordomo de Wayne, cumpliendo la promesa que le hizo a su padre, Jarvis, antiguo sirviente de Thomas Wayne.

Bruce y Dick están de acuerdo en que la presencia de un mayordomo pondría en peligro su trabajo nocturno, pero le dejan permanecer esa noche en la Mansión. Y es entonces cuando un grupo de atracadores entre en ella buscando unas joyas que ya habían intentado robar justo cuando Alfred llegaba a Gotham. Batman y Robin acuden al rescate, pero se marchan sin darse cuenta de que uno de los ladrones permanece escondido. Cuando éste intenta atacar a Alfred, el mayordomo consigue zafarse de él y, por casualidad, descubre la entrada a la Batcueva. Al final de la misma aventura, salva las vidas de Batman y Robin, que habían caído presos de esa banda de ladrones. Al final de la historia, Alfred revela a sus amos que conoce sus identidades y éstos le aceptan en sus vidas. “Ya eres uno de los nuestros, Alfred”, le dice Batman, admirando sus dotes detectivescas y su silencio.

Ese primer Alfred que descubrieron los lectores poco tenía que ver físicamente con el Alfred que hoy reconocemos, sin su característico bigote y con algo de sobrepeso. El cambio en el aspecto se debió al primer serial cinematográfico de Batman, que se estrenó el 16 de julio de 1943, el mismo año del debut de Alfred en el cómic. El principal cometido del mayordomo en el serial era actuar como chofer de los héroes, ya que el bajo presupuesto de la producción impedía que hubiera Batmóvil alguno. William Austin, un actor esbelto, prestó su rostro y su bigote al personaje. Para adaptar su aspecto al cómic, en el número 83 de ‘Detective Comics’ se explicaba que el mayordomo volvía de unas vacaciones en un spa, donde perdió peso y decidió dejarse crecer el bigote.

Durante trece números, y a partir del número 35 de ‘Batman’, Alfred contó con sus propias aventuras detectivescas en la colección. Por la época y por la extensión de las historias (cuatro páginas), se puede deducir que no eran excesivamente complejas. Pero demostraban que Alfred era ya parte importante del universo de Gotham. Con los años, la importancia del personaje fue creciendo. Desde el principio se conocieron sus habilidades detectivescas y su pasado como agente secreto del Servicio Británico, dedicación que abandonó para convertirse en actor (las habilidades que adquirió en ese trabajo le permitieron participar en algunos casos del Señor de la Noche). Alfred vivió dos décadas de relativa tranquilidad y asidua presencia en las aventuras de Batman, ganándose el cariño de los aficionados.

A pesar de todo, DC decidió acabar con el personaje. El motivo, restar razones a quienes atacaban al héroe considerándole homosexual. Su muerte se produjo en el número 328 de ‘Detective Comics’. Era junio de 1964. “La razón por la que acabé con Alfred fue que había demasiadas habladurías sobre tres hombres viviendo en la misma casa. Así que pensé ‘de acuerdo, voy a matar a uno de los hombres y voy a poner a una mujer ahí. Y la mujer resultó ser la Tía Harriet, pariente de Dick Grayson. Supongo que fue bastante drástico matar a Alfred”, recuerda Julius Schwartz, editor de los títulos de Batman en aquella época. El mayordomo había muerto, pero vino a su rescate la televisión. Los productores de la serie de Batman que se estaba preparando en aquellos años querían a Alfred, pero no podía tenerlo si estaba muerto en las viñetas. “Les dije a los productores ‘¡pero si está muerto!’, y me respondieron que seguro que podía pensar en una forma de recuperarlo”, añade Schwartz.



El 12 de enero de 1966 se emitió el primer capítulo de la serie, y no hace falta recordar el inmenso éxito que tuvo y la Batmanía que generó en Estados Unidos. El actor escogido para dar vida a Alfred, toda vez que ya se había alcanzado un acuerdo con DC para el regreso del personaje al cómic, fue Alan Napier, un actor británico, descendiente de Charles Dickens, que entre otras películas participó en el ‘Macbeth’ de Orson Welles. Napier no tenía ni idea del mundo en el que se estaba metiendo. “Me llamó mi agente y me dijo que iba a salir en ‘Batman’. Le respondí qué era ‘Batman’. ‘¿No lees cómics?’, me preguntó, y le dije que no. Me explicó que iba a ser el mayordomo de Batman y le repliqué que cómo iba a hacer eso, que era la cosa más ridícula que había oído jamás. ‘Te pueden pagar más de 100.000 dólares’, me dijo, así que respondí que sí sería el mayordomo de Batman”, dijo hace años Napier, que murió en 1988.

El Alfred de Napier seguía las trazas básicas del personaje en el cómic, un mayordomo atento y culto, tan dispuesto a servir a Bruce Wayne y Dick Grayson como a colaborar en la lucha contra el crimen de Batman y Robin, aportando toques de humor a una serie ya de por sí cómica en todos sus aspectos. Quizá los aspectos que más distancia marcaban con respecto al personaje del cómic eran una edad más avanzada y las gafas, pero eso no le impidió llegar incluso a enfundarse el traje del héroe de Gotham o conducir el Batmóvil en alguna aventura. En 1968, Alfred apareció por primera vez en forma de dibujo animado, en ‘The Batman / Superman Hour’. Curiosamente, la voz se la prestó Olan Soule, el mismo actor que dio vida al Señor de la Noche en ésta y en la mayoría de las primeras apariciones animadas del héroe. Y es que en aquella época era práctica habitual que un actor doblara a muchos personajes.

Para su regreso al cómic, Julius Schwartz decidió aprovechar un personaje ya existente, un villano llamado Outsider cuya identidad era entonces desconocida y que se había enfrentado en un par de ocasiones a Batman. Era octubre de 1966 y habían pasado poco más de dos años desde la muerte de Alfred. La rocambolesca historia que ideó Schwartz colocó al mayordomo como víctima de un científico loco llamado Brandon Crawford. Éste descubrió a Alfred apenas vivo en su ataúd. Con un rayo experimental para la regeneración de células le devuelve la vida por completo, aunque no su memoria. Regresa como el villano ya mencionado y, tras ser derrotado y desenmascarado por Batman, un nuevo rayo le devuelve sus recuerdos. Alfred había vuelto. Con una excusa argumental muy rebuscada, sí, pero había vuelto.

La vida de Alfred en el cómic no presentó demasiados sobresaltos hasta que se presentó a la hija perdida del personaje: Julia Remarque. La joven era fruto de la unión entre Alfred y una heroína que conoció en la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, Mademoiselle Marie. Sin embargo, fue un personaje de corto recorrido gracias a la ‘Crisis en Tierras Infinitas’. DC decidió borrar buena parte del pasado de Alfred y colocarle como el mayordomo que siempre cuidó de la Mansión Wayne, que acompañó durante años a Thomas y Martha. Tras su asesinato, Alfred se convirtió en guardián legal de Bruce hasta que cumpliera la mayoría de edad. Al elemento de compañero de aventuras, había que unir ya el de figura en cierto modo paterna y de mentor, no ya sólo de Bruce Wayne sino también de todos los jóvenes que han desempeñado el papel de Robin.



Cuando Batman dio el gran salto al mundo del cine, en 1989 y de la mano de Tim Burton, Alfred tenía que estar presente. Visualmente más cercano a Alan Napier y con características propias del cómic, el actor elegido fue Michael Gough, conocido por su participación en varios de los filmes de terror de la Hammer. “Basé a Alfred en alguien a quien conocí en Inglaterra. Cuando estuvo en el Ejército británico, hace años, este hombre era asistente de un general de división. Después de que el general perdiera una pierna en la guerra y abandonara el servicio, el hombre siguió ocupándose de él y de su familia en su casa. Luego, cuando el general murió, siguió ocupándose de su viuda. Es una persona totalmente recta, totalmente devota y muy leal... exactamente igual que Alfred”, explicó Gough durante la promoción de ‘Batman vuelve’.

El actor, el único (junto a Pat Hingle, que interpreta al Comisario Gordon) que aparece en los cuatro filmes de Batman dirigidos por Tim Burton y Joel Schumacher, considera a Alfred como “un hombre chapado a la antigua que intenta educar a Bruce Wayne como un pequeño caballero”. En su interpretación se empiezan a ver rasgos de la ironía que ha hecho tan popular al mayordomo de Batman en las últimas décadas. Esos rasgos se irán acentuando con el paso de las películas y se tornarán en un humor más directo en los dos filmes de Schumacher, ‘Batman forever’ y ‘Batman y Robin’. El sarcasmo como seña de identidad de Alfred, no obstante, se encuentra en estado puro en la televisión, en la serie de animación de Batman de los años 90, la que tantas bases ha sentado para la forma más contemporánea del personaje y sus mitos.

La voz del personaje en esta mítica e inolvidable serie se le encargó a Clive Revill (que había sido la voz y el desfigurado rostro del Emperador en su breve aparición en la versión original de ‘El Imperio contraataca’), pero sólo pudo participar en los tres primeros episodios a causa de otro compromiso profesional que había adquirido con anterioridad. Los productores de la serie quedaron tan encantados con su trabajo, que no quisieron grabar de nuevo los diálogos con el actor que le suplió, Efrem Zimbalista Jr., que es quien interpreta a Alfred a lo largo de toda la serie. En esta versión Alfred sirve en la Mansión Wayne siendo Bruce un niño, pero también hay alguna referencia (como en el episodio ‘El león y el unicornio) a su pasado como agente del servicio secreto británico, mezclando los orígenes que el cómic ofreció antes y después de ‘Crisis en Tierras Infinitas’.

La presencia de Alfred en la serie fue muy importante, como también lo fue en la siguiente serie animada, ‘The Batman’. De hecho, en esta ocasión es casi coprotagonista del espacio hasta que hacen su aparición en las últimas temporadas Batgirl y Robin y el enfoque se vuelve casi en exclusiva a las aventuras superheróicas. Las principales novedades del personaje en esta serie son una apariencia algo más joven de lo habitual y el vínculo de su familia con el Pingüino, ya que los Pennyworth sirvieron a los Cobblepott en Inglaterra. La voz de Alfred es aquí la del actor Alistair Duncan. En la más reciente encarnación animada de los mitos de Batman, ‘The Brave and the Bold’, Alfred apenas tuvo una breve aparición en un flashback del capítulo ‘Invasion of the Secret Santas!’.

En la serie ‘Birds of prey’, los productores decidieron saltarse la continuidad de los cómics y colocar a Alfred como mayordomo de Barbara Gordon, ya como Oráculo y retirada de su carrera como Batgirl (¿un guiño a la absurda presencia de Barbara Wilson, la Batgirl de ‘Batman y Robin’, como sobrina de Alfred?) por culpa del disparo del Joker que dejó a la heroína postrada en una silla de ruedas. El actor elegido, Ian Abercrombie, tampoco había leído cómics de Batman para preparar el papel (ni siquiera sabía de la existencia de una serie dedicada a las ‘Aves de presa’) y, aunque conocía a Michael Gough, no quiso estudiar demasiado su trabajo para Burton y Schumacher. “Quería dar mi propia personalidad a Alfred y mantenerle reconocible para los fans”, dijo.

Para todos aquellos que han adorado a Alfred a lo largo de las más de seis décadas de vida del personaje, la última versión cinematográfica deparaba la mejor de las sorpresas: el actor británico Michael Caine, uno de los mejores intérpretes contemporáneos, se hizo con el papel. Se dice que se le ofreció a Anthony Hopkins (que, curiosamente, ya había dado vida a un mayordomo en ‘Lo que queda del día’) y que éste lo rechazó. “Alfred es una tremenda ayuda para Bruce Wayne en su camino, es una constante en su vida y su conciencia moral también”, explicó Caine, quien aceptó por dos motivos: porque el guión que le leyó le pareció muy bueno y porque detrás del proyecto estaba Christopher Nolan, director al que admiraba desde ‘Memento’.



El Alfred de Michael Caine coge lo mejor de cada interpretación anterior y crea un personaje reconocible pero a la vez muy personal. Su presencia en ‘Batman begins’ es esencial para entender la figura de Bruce Wayne, es, como en el cómic, quien le recuerda la importancia de su familia y de su legado. En las entrevistas promocionales de ‘Batman begins’, Nolan explicó que “Alfred representa el centro emocional de la película. Michael Caine es un gran ladrón de escenas y le he animado a hacerlo tanto como fuera posible, porque siento que Alfred, como personaje, también es un ladrón de escenas, tiene un maravilloso ingenio cortante en los cómics que Michael es capaz de llevar a la pantalla, dando a su actuación un calor y un humor que pegan muy bien con Bruce Wayne”.

Para el actor que interpreta a Batman, Christian Bale, entre el héroe y su mayordomo se establece “una gran relación, la encuentro muy divertida y muy conmovedora”. Como en el cómic. Y por primera vez se veía fielmente reflejada en la pantalla. Tanto el personaje como el actor volvieron para ‘El Caballero Oscuro’, reforzando esa relación entre héroe y mayordomo gracias a los negros momentos que viven en esta historia. Caine tiene contrato para una tercera película de la que todavía no se ha confirmado todavía nada, aunque rumores hay muchos. Como hiciera Michael Gough, Caine también se basó en una persona real para interpretar a Alfred. En este caso, trató de imitar la voz de un coronel que conoció en el Ejército cuando tenía 18 años.

La fidelidad de Alfred a Bruce Wayne dura ya 66 años. Cuando en los años 70 el Caballero Oscuro dejó la Mansión Wayne para trasladarse al corazón de Gotham, Alfred le siguió. Cuando en los 90 un Bruce Wayne con la espalda rota recorría el mundo mientras Azrael llevaba el manto del Murciélago en su ciudad, Alfred le siguió. Porque si algo caracteriza a este personaje es su fidelidad a su “amo”, un tratamiento que usa desde hace años pero que esconde una relación de amistad y cariño sin igual. El valor de su aportación a las historias a lo largo de tantas décadas es incuestionable, tanto en el cómic como en las diversas adaptaciones cinematográficas o televisivas que ha tenido Batman. Y lo que nos queda todavía por ver. Porque Alfred, aunque una vez DC nos mostrara su muerte, no puede morir.

Juan Rodríguez Millán